Las lágrimas del cerdo trufero - Fernando A. Flores


 
Soñamos con una sociedad más justa y equitativa, pero algo nos dice que vamos en dirección opuesta. Los multimillonarios y los poderosos tienen cada vez más dinero y más poder. La clase media tiende a la desaparición y el abismo entre los que han de servir y los que son servidos, llegará a ser insalvable.

Siempre ha habido (y habrá) un colectivo que tiende a moverse en las sombras, que desea ganar (y a veces lo consigue) su puesto entre los más ricos. Gente que no se conforma con lo que la suerte les ha dado y no duda en saltarse todos los parámetros éticos y legales para conseguirlo. Suelen seguir metodologías parecidas a las de las grandes empresas: analizan lo que el mercado demanda y tratan de proporcionarlo antes que nadie ocupando así una posición predominante en el sector. Poco importa si hablamos de drogas, prostitución, armas o cualquier otro negocio tan rentable como ilegal.

No es descabellado pensar que en un futuro donde la mayoría no tengan ningún poder adquisitivo, las organizaciones más turbias se centren en satisfacer los caprichos de los más adinerados. Y ya sabemos que no basta con ser el más acaudalado, hay que demostrarlo. La ciencia, mediante la clonación, está a un solo paso de poder traer de vuelta a miles de especies extintas (aunque su esperanza de vida sea mínima) ¿Sería ético hacerlo? En realidad, poco importa eso; si alguien de la élite económica encontrase glamouroso exhibirse con una criatura de otro tiempo, siempre habría personas dispuestas a proporcionársela. ¿Imagináis mayor demostración de poder que pasearse con un dodo o un bucardo? Alguien que pudiese hacerlo le estaría diciendo al mundo que todo está a su alcance. Y si se convirtiese en moda y no fuese algo suficientemente exclusivo, ¿Por qué no dar vida a un animal mitológico?


Esteban Bellacosa es un hombre de frontera, un conseguidor (normalmente de maquinaria) para empresarios de la zona. Su nacionalidad estadounidense le permite moverse libremente a través de los dos muros que delimitan la frontera con México y, tras el fallecimiento de su esposa e hija, vive sin objetivos ni metas. 
Es un tiempo extraño el que le ha tocado vivir, una época en la que los cárteles, tan crueles como siempre, se dedican al filtrado de animales en vez de al narcotráfico y no dudan en capturar a científicos para esclavizarlos en sus proyectos. Una época en la que el comercio de cabezas reducidas de indígenas compite con el de obras de arte. En un contexto así, puede que el único camino que le quede para recuperar su propia humanidad sea encontrar a su hermano secuestrado.


Fernando A. Flores ha escrito una novela de las que discurren sin prisa, de las que horadan poco a poco la mente del lector y transitan por ella hasta inundarla completamente. Una historia dura e impredecible. Distópica, fantástica y apocalíptica que transmite el terror atávico derivado de la oscuridad del alma humana. La aventura no es frenética como promete la sinopsis, de hecho, le cuesta coger inercia. No cierra con el final, sino con el epílogo. Propone un infierno en la tierra tan absorbente como estimulante, y contiene ideas que pueden dejar secuelas en nosotros.

Os propongo un viaje único. Acercaos a la frontera. Allí la gente es diferente y la vida apenas tiene valor. Seréis testigos del choque de culturas y de la decadencia moral de los reyes del primer mundo. Pero también encontraréis el lugar en el que la ciencia y los conocimientos ancestrales se dan la mano y podréis, tras una cena irrepetible, veros reflejados en el mundo de los sueños gracias a las Lágrimas del cerdo trufero.

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1 comentario:

  1. Pues este lo tengo pendiente. Se me acumulan las lecturas, me falta tiempo, y no voy a correr. Después de leer tu reseña, aún le tengo más ganas a esta historia, así que será una de las próximas.

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