Ponzoña - David Luna Lorenzo


La ponzoña hiede, corrompe, se extiende, pero sólo Sandra parece percibirla. Muchas noches, a las 3:33 de la madrugada, su pequeña emite extraños rugidos a los que acompañan visiones y escenas aterradoras. El mal está presente y los demonios intentan apoderarse de su bebé, una criatura adorable durante el día cuya alma debe ser salvada a cualquier precio. 

David Luna conquistó en 2019 el VII Premio de Novela de Terror Ciudad de Utrera con este relato de apenas 100 páginas, una obra intensa que envuelve al lector mediante una prosa ágil y sorprendente y un artificio literario al alcance de muy pocos. Es inevitable quedar atrapado tras el primer capítulo, creyendo tener todas las respuestas primero, dudando o esperando el giro después, temiendo lo peor pues la tragedia parece cocerse a fuego lento, y no experimentar sentimientos contrapuestos hacia una madre que ama a su hija, sin duda, pero no al ser que cree que la habita. 

En dos líneas temporales claras que se van alternado, una durante la gestación y el parto y otra unos pocos años después, el autor juega con la locura, la cordura, la soledad y el aislamiento de una ex-toxicómana que malvive de Ocupa en una casa que no cuenta ni con agua corriente y a quien ni siquiera su pareja, un músico callejero consumidor habitual de drogas, parece creer. Al leer esta historia es imposible no recordar ‘la semilla del diablo’ de Ira Levin / Roman Polanski, aunque la trama y el desenlace tienen poco que ver, pero comparte una misma atmósfera opresiva en la que no se sabe si todos confabulan a favor de ese supuesto ser demoníaco, si todo está en la cabeza de Sandra o si habrá algo más. De hecho, esta obra podría pasar por un thriller psicológico si no fuese por una serie de pasajes impactantes, terroríficos y muy desagradables al puro estilo de ‘el exorcista’. 

Hay muchos motivos para leer Ponzoña: el entretenimiento y el mal rato asegurados, el genial retrato de su protagonista (creíble, atractiva y repulsiva, amada y temida), la necesidad de descubrir un desenlace que se presume terrible o el estilo de un autor que se adapta al tono de cada una de sus novelas, todas sorprendentes. Pero sed precavid@s: dicen las malas lenguas que David Luna es el mayor productor y exportador de Necroloto, una droga que aparece en todas sus obras y a la que quedaréis irremediablemente enganchados tras la última página de cualquiera de ellas.










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