Sombras de arena - C. G. Demian

 



“Quiere estar a oscuras, a partir de ahora ese será su ataúd y su única ambición es pudrirse en él”

¿Quién no ha cogido un puñado de arena solo para observar cómo se escurre entre los dedos? Y, al hacerlo, ¿Quién no ha sentido que lo que se le estaba escapando era su propia vida? Cuando eso sucede siempre aflora un mismo sentimiento: desolación. Y sucede porque la tierra que se lleva el viento está seca. Porque su aridez nos recuerda la muerte. El final de aquello que nos hacía felices, de cosas que perdimos, de personas que se fueron, y de las oportunidades que dejamos escapar. La desolación es hija de la angustia, el dolor y la pérdida. La desolación es madre de la desesperanza.

¿Imagináis vivir en un lugar llamado así? Los nombres de las poblaciones, al igual que los apelativos de las personas, rara vez son fruto del azar. Desolación evoca a desierto, a lugar aislado y sin futuro. Evoca a ruinas, a un pasado mejor y a una lenta cuenta atrás hacia la desaparición. ¿Y quién permanecería en Desolación? Tal vez solo aquellos que un día intentaron marcharse y no lo lograron. Aquellos que, como única salida, terminaron por autoconvencerse de que ese era su sitio y su única opción.

Si yo viviese en Desolación, sentiría próximo el final. Cuando el sol me abrasase la cabeza y los latidos de mi corazón me recordasen el paso del tiempo, probablemente buscaría mi propia sombra sobre la arena. Puede que eso me tranquilizase, pues mientras ella siguiese ahí, yo tendría la certeza de estar vivo.

“Acá no se puede vivir sin paciencia y, si me apura, tampoco se puede morir sin ella”

Todos en Desolación acuden al entierro de Evaristo. No es un sepelio más, es el de un pueblo entero. Su muerte reduce la tasa demográfica hasta un punto que hace insostenible seguir manteniendo la única línea que les une con el mundo. Látigo, el cochero, perderá su trabajo. Emilia, la mujer del fallecido, la cordura. Nicolás, su futuro. Parecen condenados a ser olvidados y sepultados por la arena del desierto. Todo fue profetizado. La tragedia es inexorable.

“La gloria, aunque sea pasada, siempre es mejor que la ruina perpetua”

Sombras de arena es una novelette hipnótica y fascinante. Con un arranque trágico y costumbrista, parece apuntar al drama rural. Pero escena a escena, su trama se va deslizando, cual serpiente en el desierto, hacia un terror sutil repleto de elementos que recuerdan al Realismo Mágico de Rulfo. La prosa en que se sustenta es directa, cercana y efectiva. Y el infierno que recrea, ese infierno del que solo los jóvenes inconformistas parecen querer escapar, toma forma exclusivamente en la mente del lector pues C.G Demian, como buen ilusionista, es parco en detalles y tan solo ofrece las pinceladas necesarias para generar un decorado yermo y asfixiante.

Látigo está apurando su petaca. La última diligencia va a partir y si no subís a ella, nunca podréis llegar a Desolación, un lugar perdido en el tiempo que pronto será olvidado. Cuidado, puede que sea un viaje únicamente de ida. Puede que, de realizarlo, pronto os encontréis solos. Pero si lo hacéis, tal vez podáis leer y desentrañar los secretos del libro de difuntos. Y si os atenaza el miedo al hallar vuestro nombre escrito en él, mirad al suelo y buscad la compañía de vuestra propia sombra.

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

La luz superviviente - Daniel Cotta

 


“Nunca volví a usar mi nombre después de tu muerte, Laura. Le quedaba la huella de tu voz, y no quería que otros labios la borrasen con timbres ajenos e irritantes. Ni Fray Turbio ni Fray Nadie lo conocen. De hecho, fue mi empecinado mutismo el que sugirió al Abad la fundación de nuestra orden, con esos nombres hechos de la masa buena de las historias de santos”

No podemos aspirar a un sistema judicial infalible. Cada veredicto está irremediablemente sujeto a la subjetividad de los jueces y fiscales intervinientes. La imparcialidad es un ideal al que se aspira, pero que nunca se alcanza. Incluso si dicho sistema fuese totalmente analítico, si se pudiese dictar sentencia exclusivamente en base a datos y pruebas, dejando aparte ideologías y sentimientos, comparando cada hecho probado con sucesos similares y calculando minuciosamente todas las probabilidades, raramente se llegaría a una conclusión absolutamente definitiva. Un sistema así, frío, ciego, algorítmico e impersonal, solo sería totalmente eficaz si se contase con la completa certeza de conocer lo sucedido; exactamente igual que en el actual.

¿Y qué hay de los penados? Aun sabiéndose culpables, ¿Cuántos consideran justa su condena? ¿Cuántos la terminan siendo mejores personas? Que todos cumplan su castigo en un lugar similar independientemente del delito cometido, que vean los mismos barrotes y las mismas paredes de hormigón, que no puedan decidir ni siquiera a qué hora comer o a qué hora hacer ejercicio, obliga a los reclusos a mimetizarse, a la minoría a parecerse a la mayoría. Al final, poco importa el crimen por el que se les condenara ¿No es este otro defecto de nuestro sistema penal?

Si quienes han que pagar por sus crímenes no lo hiciesen en una celda, tal vez llegasen a una conclusión distinta sobre lo que es la libertad.


“El término amigos implicaba una claudicante conformidad con nuestro cautiverio, el reconocimiento de que aquella situación era al fin y al cabo lo mejor a lo que podíamos aspirar”


Fray Turbio, Fray Nadie y Fray Último cumplen condena en Cerbero. No son frailes, aunque han creado su propia hermandad. Tampoco son sus verdaderos nombres, pero reconocerse así les permite olvidar quienes fueron y lo que hicieron. Viven extrayendo mineral día tras día, sin carceleros cerca, manteniendo sus fantasmas bajo control y sin posibilidad de escapar. Turbio y Nadie han conseguido seguir adelante sin pensar continuamente en el pasado, pero Último se empeña, a través de su diario, en mantener con vida a Laura, su víctima, su amor.
Cuando encuentran un mensaje en una botella, todo cambia. La rutina en la que se refugian se hace añicos y un nuevo anhelo arraiga en sus corazones: conseguir escapar.


“Ángeles de Uriel, seguid desconcertándonos, seguid zarandeando nuestra rutina. Y si lo que estáis es jugando, no os detengáis; seguid tirando los dados”


La ciencia ficción española ha encontrado un nuevo valedor en Daniel Cotta. La luz superviviente, Mención de honor del IV Premio Ciudad del Conocimiento, es una novela original, inteligente, hermosa y cargada de humanidad. Una de esas infrecuentes odiseas que, apoyadas en metas científicas plausibles, indagan en la esencia del ser humano y exploran algunas de las posibilidades filosóficas a las que tendremos que enfrentarnos en siglos venideros. 
Su prosa es hermosa, pulcra y medida. Poética por momentos. Sus personajes, imperfectos y creíbles. Y el equilibrio que sostiene entre humor,  acción y melancolía durante toda la narración, perfecto.


Siempre se ha dicho que el camino es más importante que el destino. Que los viajes realmente valiosos son los que nos conducen a nosotros mismos, aquellos que nos hacen entender quiénes somos y qué es lo que realmente amamos. No existe un solo universo. No existe un único tiempo. Y hay preguntas para las que no existe una única respuesta.


Acompañad a estos frailes en su huida. Ayudadles a entender lo qué buscan realmente, porque la felicidad, al igual que la libertad, no es lo mismo para todos. Os necesitan para encontrar sus respuestas, para entender qué es lo que da sentido a sus vidas. Protegedles de "los buenos" y, si cuando lleguéis a Luzleal no habéis logrado comprenderles, al menos podréis perdonarles.

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

Djuna y Soriano en la carretera del infierno (Oficina de Peligros 1) - Jorge Salvador Galindo y Leticia Sánchez Ruiz

 


Una novela es como un viaje por carretera. Puede discurrir sin mayores imprevistos, apaciblemente, siguiendo paso a paso la planificación inicial de un conductor responsable y experimentado. Escritores de mapa, llaman, a quienes buscan la seguridad en el recorrido y la puntualidad de cara al destino.

En otras ocasiones, quienes manejan el buga son los escritores de brújula, unos seres bastante más alocados e imprudentes. Autores que tienden a perderse por los caminos que van descubriendo y no dudan en cambiar de rumbo si lo creen conveniente. ¿Cómo sería el trayecto si se alternasen, kilómetro a kilómetro, párrafo a párrafo, dos de estos despreocupados aventureros de la palabra escrita?

En los locos años 20 (no, estos no, los del siglo pasado) los surrealistas franceses idearon un juego literario y artístico que potenciaba la creatividad: el Cadáver Exquisito. Cada participante continuaba un relato (o un dibujo) conociendo solo la última frase (o el último trazo). Los resultados solían ser impredecibles y muy divertidos.


Cierto día, Jorge Salvador Galindo, autor de Las croquetas del señor Keller y editor de Pez de Plata, se cansó de ser un tipo prudente. Decidió soltar el freno, meter primera, y pisar el acelerador. Al divisar a Leticia Sánchez Ruiz, autora de La biblioteca de Max Ventura y Cuando es invierno en el mar del norte, comenzó a tocar el claxon como si improvisase una batucada. Ella, sorprendida y contrariada, se giró justo a tiempo de escuchar los gritos del desvergonzado: «¡Hagamos un cadáver exquisito!» ¿Cómo resistirse? Leticia se subió en marcha y, al hacerlo, ambos se transformaron en Djuna y Soriano.

Es imposible saber cuál de los dos es más temerario al volante. Es más, es imposible saber quién conducía en cada tramo o quién imaginó a quién en este road trip surrealista. La teoría más probable apunta a que debieron atravesar un portal inter-dimensional diseñado por el mismísimo Francisco Ibáñez (y que habría sido extraviado por Mortadelo y Filemón), pues hay mucho de la T.I.A. en La Oficina de Peligros. Pero recapitulemos, ¿Qué sabemos con certeza?

1º - Que, en esa otra dimensión, Djuna y Soriano se hacen pasar por escritores, aunque en realidad trabajan para una organización secreta bastante peculiar.

2º - Que tras finalizar una feria (sin vender ni un solo libro) en un pueblo de cuyo nombre es mejor no acordarse, ingirieron vino de dudosa calidad, se subieron a su Tiburón (Citróen DS) y, en una recta, se encontraron con la chica de la curva.

3º - Que se les presume a ambos cierta obsesión por l@s poll@s.

El resto de datos que figuran en los informes son meras conjeturas y supuestos sucesos disparatados, todos acaecidos en la misma noche e imposibles de confirmar, aunque también de desmentir.


La carretera del infierno, primera entrega de la serie “Oficina de Peligros” es una obra surgida del amor por la literatura y del ejercicio de esta sin ningún tipo de límites o condicionantes. Una historia para adultos impredecible, surrealista, a veces políticamente incorrecta y siempre divertida. Una novela corta que encontró su propia deriva fusionando (y caricaturizando) clichés y obsesiones a través de un narrador omnisciente empeñado en distanciarse emocionalmente de las peripecias de sus personajes (excepto cuando decide cederles la palabra para que nos hablen en primera persona).


Hay gente que no puede vivir sin la literatura, y no me estoy refiriendo a quienes simplemente ganan dinero con ella, sino a quienes viven por y para ella. Leticia y Jorge son así y han llegado al punto de jugar a escribir y de escribir incluso jugando. Djuna y Soriano también querrían ser así, pero bastante tienen con salvar el mundo (o salvarse a sí mismos). Afortunadamente, el portal inter-dimensional funciona en una sola dirección y, gracias a eso, podréis salir indemnes de La carretera del infierno tras daros atracones de rosquillas, charlar con algunos de vuestros escritores favoritos, beber chupitos hasta el amanecer y acariciar exóticos animalillos ¿Os apetece un cadáver exquisito?

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

Humano: Las lágrimas de Llanto - Antonio López Sousa

 



Hemos necesitado a los dioses desde nuestros primeros pasos como especie. Eran la explicación para aquello que no comprendíamos y el escudo ante los miedos que nos atenazaban. Pero también nos situaban dentro de un contexto, nos proporcionaban un lugar que trascendía a nuestras propias vidas otorgándonos un origen como sociedad y, casi siempre, un destino más allá de la muerte.

Fantaseamos con seres parecidos a nosotros que nos habrían creado “a su imagen y semejanza”. Les dotamos de pasado y les soñamos omnipotentes e inmortales. Sin embargo, nuestra propia lógica hizo que les fuésemos dejando atrás y que les sustituyésemos por otros más acordes a los periodos en que vivíamos. Hemos adorado al Sol y a la Luna. Hemos adorado a las bestias salvajes uniendo varias de ellas o combinando sus cabezas con cuerpos humanos. Son la prueba de nuestra capacidad de abstracción y el reflejo de lo que éramos y temíamos. Invertimos tanto, les dimos tanto de nosotros a la hora de crearlos, que no podemos olvidarlos. Sus historias han de ser recuperadas o reinventadas. Ya no necesitan rezos ni sacrificios. Necesitan volver a vivir como manifestación cultural.

Este blog no se llamaría así si quien escribe estas líneas no hubiese leído Señores del Olimpo, de Javier Negrete. Si Antonio López Sousa no hubiese estudiado y amado la mitología grecolatina, jamás hubiese escrito Humano: las lágrimas de Llanto.


Llanto no es un hombre, pero camina entre ellos. Las escarificaciones de su rostro son el recordatorio de los errores que ha cometido y sus canas, la consecuencia de sus padecimientos. A veces ve el futuro y otras el pasado. Puede leer en los corazones de los mortales y, si son dignos de ello, amarlos más que a sus propios hermanos. Su destino, lo quiera o no, está ligado al de los seres que ha ayudado a crear.


Humano es una novela auto conclusiva, la primera de una saga fantástica que mana de la mitología grecorromana (y no de la tradición medieval como suele ser habitual). Aunque escrita en tercera persona, enfoca la narración desde el punto de vista de su protagonista y ahonda constantemente en la esencia de nuestro comportamiento y sus motivaciones. La violencia y las escenas descarnadas abundan en la obra, pero la prosa del autor, sencilla y cercana, evita la repulsa del lector ante los hechos más abominables.

Es extraño toparse con historias como esta, épica sin necesidad de batallas, intensa sin un ritmo endiablado. Y el secreto está en unos personajes a los que el autor, como buen dios creador, inocula vida y personalidad; en sus relaciones, sus contradicciones, sus deseos y sus renuncias. Antonio López Sousa es un amante de la aventura que se ve, casi permanentemente, condicionado por su tremendo humanismo. Alguien que piensa que debe esperar lo peor de la mayoría de los individuos, pero que conserva la esperanza en que algunos de ellos sabrán conducir al resto a un lugar mejor. Y de eso va esta novela, de divinidades egoístas y crueles salvo excepciones. De humanos despreciables entre los que se encuentran hombres y mujeres dispuestos a sacrificarse por el bien común.

Viajad al pasado, a este pasado en el que los dioses caminaban entre los hombres. Acompañad al trotamundos que cambió la espada por un cayado. Es silencioso, a veces irónico y otras sarcástico. Puede que su familia os cause algún que otro problemilla, pero si lo hacéis viviréis 210 vidas, os enamoraréis, sufriréis y, algunas veces, reiréis. Y permaneced alerta, porque a pesar de sus visiones, el destino no está escrito.

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

La postura imperfecta - P. L. Salvador

 



“Humanista y extremista, delincuente y hombre de pro, demente e intelectual”


¿Cuántos rostros tiene un ser humano? ¿Cuántas aristas o dimensiones? ¿Y cuál de esas dimensiones es la auténtica? ¿la que la sociedad potencia y espera o la que se declara libre de cadenas y morales impuestas?

A finales del siglo XIX se publicaron dos obras con un profundo calado filosófico: Así habló Zaratustra, de Nietzsche, y El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson. Ambas abordaban la cuestión desde posiciones opuestas. A día de hoy, no podemos concluir que ninguno de los dos autores estuviese totalmente acertado o equivocado en su planteamiento. No somos únicamente lo que mostramos a los demás. Tampoco fingimos continuamente, pero es innegable que la sociedad nos reprime y nos obliga a encerrar bajo llave algunos de nuestros más bajos instintos. ¿Somos, por ello, unos farsantes? ¿Aparentamos ser alguien distinto o aspiramos a convertirnos, ayudados por la presión social, en quien nos han enseñado que deberíamos ser?

El autor alemán enfatizaba la necesidad de liberarse de la moral judeo-cristiana y de recuperar la libertad y la espontaneidad. El escocés también consideraba las religiones como una fuente de infelicidad y sufrimiento, pero defendía que, si diésemos rienda suelta a nuestros instintos, si no nos sometiésemos a ciertos parámetros de conducta, el resultado sería salvaje, degradante y deshumanizador.

P.L. Salvador navega, con esta nueva novela, entre las dos teorías. Y no queda claro si lo hace consciente o inconscientemente, pero consigue darle otra vuelta de tuerca a la cuestión introduciendo un nuevo condicionante: el de la enfermedad mental. Ahora os pregunto yo: ¿Consideráis que el mundo interior de alguien con, por ejemplo, un trastorno esquizofrénico, es menos consistente o profundo que el vuestro? ¿Creéis que las conclusiones de quienes piensan y sienten diferente son menos válidas por partir de otras premisas o por discurrir senderos únicos e impredecibles? Si es así, haceos el gran favor de leer La postura imperfecta.

La obra, reciente ganadora del III Certamen «Martín Fierro» de denuncia social, fue escrita hace ya algunos años y supone todo un salto de página en la carrera del escritor levantino al que, poco a poco, le está llegando el reconocimiento que se le debía. Su prosa, corregida y pulida durante más de una década, sigue siendo pulcra y precisa. El tono de la historia es menos desenfadado de lo que nos tiene acostumbrados y su desarrollo se apoya en la reflexión y en la elaboración de un personaje complejo y maravillosamente imperfecto. ¿Es su mejor novela? Puede que no, pero está entre las mejores sin ninguna duda.

En cuanto a la vertiente metaliteraria, sello inconfundible del autor que tanto gusta a sus fieles, no desaparece, pero tampoco acapara excesiva atención en el lector.

Sí, lo sé, aún no os he contado de qué trata La postura imperfecta. Solo os diré que de alguien tan humanista como extremista. De alguien que ama y contiene su odio, que sublima sus carencias hacia el autoconocimiento, el trabajo y el estudio. De un Dr. Jekyll que sujeta a su Mr. Hyde a través de la razón y la experiencia. De un Mr. Hyde que arrasaría con quienes no son capaces de construirse a sí mismos y que, de poder, impondría a los demás un mundo a su medida. De alguien complejo y único que necesitaría más de una vida para alcanzar lo que considera que es la perfección.

Afortunadamente, tanto él como P.L. Salvador, se muestran más cercanos a R.L. Stevenson que a Nietzsche. ¿En qué punto estáis vosotr@s?

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

Wormhole - Daniel Aragonés


 

«No se puede vivir sin morir por el camino»


Bienvenido a una nueva esquirla de la realidad. Olvida tu narrativa vital aburrida, lineal, derivativa y banal. Wormhole te traslada a otro lugar, uno que no conoces pero estás deseando conocer. Un jardín de las delicias en el que tú —sí, tú—, eres protagonista y víctima. Lo tienes delante y tira de ti con fuerza, te resistes aunque sabes que no deberías hacerlo. No has de temer al espejo que es este agujero de gusano. Enfréntate a ti mismo.

No resulta baladí esta introducción, pues desde el mismo inicio de Wormhole, si es que podemos llamar novela a una obra que en realidad es una reinterpretación de la realidad. Daniel Aragonés, arquitecto de ese otro lado, interpela al lector para que sea parte activa. Y lo hace no con el típico uso de una segunda persona que intenta repetir un truco ya gastado, sino con una verdadera asimilación del lector dentro de las páginas, en un fascinante ejercicio de retroalimentación que no es fácil encontrar en la literatura de nuestros días.

Estructurada en tres partes, encontramos en Wormhole un primer y tercer acto que van de la mano, hilados para conformar la historia principal. Ojo, principal no significa más importante. El segundo acto es un relato que aparece en la novela, un cuento perverso titulado Hateful blues. Y es vertebral. He utilizado la palabra retroalimentación, y aquí la historia principal y la historia vertebral se enredan como si participaran en un curioso y travieso juego sexual.

En ese experimento se desvela una muestra de la falta de misericordia de la que la prosa de Aragonés hace gala, hurgando en zonas cálidas y normalmente inaccesibles de la moral y el ánimo humanos. La truculencia, por momentos exacerbada, se revela aquí tan exterior como interior, escupiendo a la cara del lector la podredumbre del alma humana. En este sentido, ciertos pasajes podrían emparentarse con obras tan extremas como A serbian film, aunque más a nivel conceptual que realmente repulsivo. El efecto, de nuevo, es fascinante.

Pero que no piense el lector que estamos ante una obra splatterpunk o gore, no. Aquí se juega con otros códigos. El autor, trasunto de sí mismo a distintos niveles en la novela, salpica aquí y allá con momentos de un intimismo brutal (aunque parezcan términos incompatibles, se complementan de un modo sensacional en manos de Daniel) que se alza con dos logros importantes: por un lado, aligera la carga de intensidad y de catarsis con lo extraño; por otro, nos ancla a una realidad que podemos reconocer y con la que podemos sentirnos vivos, un estado que nos prepara para la desolación de otros pasajes.

La primera persona lo aglutina todo. Perfecta elección para una obra de este tipo, en la que de vez en cuando hay pequeños saltos de narrador, un narrador que parece siempre el mismo aunque en realidad es otro pero no, es el mismo. El salto se produce entre identidades, entre diferentes aristas de una misma mente. El efecto es magnífico.

Entre lo Inconexo de la narración destacan algunas escenas, o quizá habría que decir imágenes, que poseen una potencia descomunal. No voy a destripar nada, pero algunas páginas contienen momentos tan intensos e inusuales que uno no puede más que abandonarse al asombro —y al espanto a veces.

Me la jugaré diciendo que Wormhole habla sobre el espíritu crítico y que llama a la revolución interior que se está perdiendo en pequeñas pantallas luminiscentes. Pero además, me atrevo a dilucidar que Daniel va un poco más allá y nos describe el dolor del proceso creativo, las tripas abiertas que tratan de digerir ideas, conceptos e historias y las convierten en relatos, en cuentos, en novelas. Esa capacidad de amasar todo lo que existe a tu alrededor y darle la forma correcta en un papel blanco —nos centraremos en la escritura, pero esto es válido para cualquier disciplina— es Wormhole. En este sentido, la novela se transmuta en un manual de instrucciones para creadores. Y como buen manual, se requiere volver a él una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez…

Una reseña de José Luis Pascual 

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

Concierto en sol menor - Laura S. Maquilón

 



“A veces no importa lo que seas. Solo importa en lo que te convierten”


Los humanos somos especialistas en crear infiernos. Nos sentimos dioses, seres superiores a cualquier otra especie. Jueces implacables con derecho a imponer sus criterios, costumbres y moral a quienes sean o piensen diferente. Siglos atrás abandonamos el geocentrismo, pero nunca logramos superar el antropocentrismo; seguimos negándonos a escuchar el ritmo que marca el universo.

Por más que nos autoconvenzamos de lo contrario, no somos plurales ni tolerantes. No aceptamos realmente a quienes son diferentes y seguimos tachando la excepcionalidad de monstruosidad. Prestamos más atención a las discapacidades o a lo que consideramos defectos, que a las virtudes y las genialidades de los demás si no podemos aprovecharlas en nuestro beneficio. Llevamos toda nuestra historia negando derechos fundamentales a otros seres sintientes y estableciendo el sendero por el que se ha de transitar para no ser apartados o señalados. ¿Cambiaremos algún día? Tal vez; pensemos que estamos al principio de nuestro propio camino. Pero para que podamos mejorar, para que podamos cambiar y escuchar la música de las estrellas, tendremos que huir de nosotros mismos y así comprobar, por fin, que el nuestro es un sol muy pequeño.


Xenia, Dark-Ho y Alisha son tres seres desgarrados por dentro. Poco tienen en común, salvo su necesidad de escapar, de reencontrarse, o de renacer. Los tres son, de alguna forma, prisioneros de la estación espacial Gran Futuro.

Xenia, es una Ekinospa, una criatura cuyo destino habría sido el de transportar humanos de un lugar a otro de la galaxia si no hubiese nacido en el interior de un agujero de gusano. Su naturaleza inter-dimensional le ha convertido en una prisionera a la que estudiar y de la que obtener beneficio económico.
Dark-Ho es un adolescente mitad humano, mitad Kitani. Huérfano de madre y sin contacto con su padre insectoide, sufre constantes abusos y malos tratos por parte de quienes deberían cuidarle y protegerle.
Alisha Cambar, una epidemióloga de la estación, siente que su reciente maternidad la ha anulado como persona y como mujer. Alienada y asustada, se desespera al no encontrar la forma de recuperarse a sí misma.


Concierto en Sol menor es una Space Opera cargada de sensibilidad. De las que hacen navegar al lector por los sentimientos de sus personajes y, como en la era dorada de la new wave, da más importancia al mundo interior y la evolución de sus protagonistas que al rigor científico. Una obra repleta de oscuridad, dolor y, a pesar de todo, esperanza. Que huye del antropocentrismo tradicional de la ciencia ficción y que aboga por la libertad, el respeto y la comprensión, como única fórmula posible para la paz y la convivencia.


Laura S. Maquilón confirma, con esta adictiva novela, su progreso y crecimiento como escritora. Su prosa es elegante, poética por momentos. La elección de la primera persona es perfecta, pues permite que ahondemos, sin filtros, en la forma de pensar y sentir de sus personajes. Y el universo que ha creado, fascinante y totalmente consistente. Además, ha logrado un maravilloso equilibrio entre acción y reflexión.

También demuestra, con esta historia, ser una autora valiente y comprometida. Es muy arriesgado, a día de hoy, utilizar lenguaje inclusivo en una novela. La polarización en torno a este tema es evidente y el abuso o, mejor dicho, el mal uso de este, pueden hacer ilegibles o farragosas algunas frases hasta el punto de empañar todas las virtudes de una obra. Sin embargo, en esta narración todo fluye. Su aplicación es tan natural que no hay una sola frase que no sea entendida y asimilada sin esfuerzo alguno. Y esto os lo dice un humilde reseñador que ha desestimado presentaros otras historias “inclusivas” debido a su mala ejecución o dificultad de lectura.


No lo dudéis más. Romped las cadenas y salíos del camino marcado. Huid, no importa el destino; el viaje que iniciéis será el que os lleve a descubrir quién sois realmente. Sed valientes, solo así conoceréis a seres con los que nunca llegasteis ni a soñar, y asumid que el ritmo que os marcan los demás, el que os convierte en aquello que no queréis ser, es el de un Concierto en sol menor.

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

Las lágrimas del cerdo trufero - Fernando A. Flores


 
Soñamos con una sociedad más justa y equitativa, pero algo nos dice que vamos en dirección opuesta. Los multimillonarios y los poderosos tienen cada vez más dinero y más poder. La clase media tiende a la desaparición y el abismo entre los que han de servir y los que son servidos, llegará a ser insalvable.

Siempre ha habido (y habrá) un colectivo que tiende a moverse en las sombras, que desea ganar (y a veces lo consigue) su puesto entre los más ricos. Gente que no se conforma con lo que la suerte les ha dado y no duda en saltarse todos los parámetros éticos y legales para conseguirlo. Suelen seguir metodologías parecidas a las de las grandes empresas: analizan lo que el mercado demanda y tratan de proporcionarlo antes que nadie ocupando así una posición predominante en el sector. Poco importa si hablamos de drogas, prostitución, armas o cualquier otro negocio tan rentable como ilegal.

No es descabellado pensar que en un futuro donde la mayoría no tengan ningún poder adquisitivo, las organizaciones más turbias se centren en satisfacer los caprichos de los más adinerados. Y ya sabemos que no basta con ser el más acaudalado, hay que demostrarlo. La ciencia, mediante la clonación, está a un solo paso de poder traer de vuelta a miles de especies extintas (aunque su esperanza de vida sea mínima) ¿Sería ético hacerlo? En realidad, poco importa eso; si alguien de la élite económica encontrase glamouroso exhibirse con una criatura de otro tiempo, siempre habría personas dispuestas a proporcionársela. ¿Imagináis mayor demostración de poder que pasearse con un dodo o un bucardo? Alguien que pudiese hacerlo le estaría diciendo al mundo que todo está a su alcance. Y si se convirtiese en moda y no fuese algo suficientemente exclusivo, ¿Por qué no dar vida a un animal mitológico?


Esteban Bellacosa es un hombre de frontera, un conseguidor (normalmente de maquinaria) para empresarios de la zona. Su nacionalidad estadounidense le permite moverse libremente a través de los dos muros que delimitan la frontera con México y, tras el fallecimiento de su esposa e hija, vive sin objetivos ni metas. 
Es un tiempo extraño el que le ha tocado vivir, una época en la que los cárteles, tan crueles como siempre, se dedican al filtrado de animales en vez de al narcotráfico y no dudan en capturar a científicos para esclavizarlos en sus proyectos. Una época en la que el comercio de cabezas reducidas de indígenas compite con el de obras de arte. En un contexto así, puede que el único camino que le quede para recuperar su propia humanidad sea encontrar a su hermano secuestrado.


Fernando A. Flores ha escrito una novela de las que discurren sin prisa, de las que horadan poco a poco la mente del lector y transitan por ella hasta inundarla completamente. Una historia dura e impredecible. Distópica, fantástica y apocalíptica que transmite el terror atávico derivado de la oscuridad del alma humana. La aventura no es frenética como promete la sinopsis, de hecho, le cuesta coger inercia. No cierra con el final, sino con el epílogo. Propone un infierno en la tierra tan absorbente como estimulante, y contiene ideas que pueden dejar secuelas en nosotros.

Os propongo un viaje único. Acercaos a la frontera. Allí la gente es diferente y la vida apenas tiene valor. Seréis testigos del choque de culturas y de la decadencia moral de los reyes del primer mundo. Pero también encontraréis el lugar en el que la ciencia y los conocimientos ancestrales se dan la mano y podréis, tras una cena irrepetible, veros reflejados en el mundo de los sueños gracias a las Lágrimas del cerdo trufero.

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

Los hilos que rompemos - Javier Quevedo Puchal

 



¿Cómo diferenciar los fantasmas reales de los imaginarios? Si apareciese ante nuestros ojos una persona fallecida y nos exigiese venganza o reparación, ¿Cómo distinguir su presencia de nuestra propia conciencia? El terror y la locura pueden tener una causa común: el sentimiento de culpa. Y es que para ser culpable no hace falta cometer un crimen; basta con callar y mirar para otro lado. La indiferencia es una forma de crueldad tan sutil como perniciosa. Una casi tan execrable como formar parte del circo que culpabiliza a una víctima y justifica al criminal.

Las Moiras son, según la mitología griega, las hilanderas del destino:
Una hila la hebra. Otra mide con su vara la longitud del hilo de nuestra vida. La tercera lo corta.
Todo sería más fácil si fuese así y nos desplazásemos, firmemente sujetos, entre el pasado y el futuro. Hoy tenemos una percepción de la existencia mucho más compleja. Si cerramos los ojos y lo pensamos, es imposible ver un solo hilo; hay infinidad de cuerdas, cordeles, cables e incluso sogas que parten de puntos concretos, de momentos “clave” de nuestra existencia, debido a las cosas que hicimos, a las que nos hicieron, o a las decisiones que tomamos. Puntos donde nuestros caminos se entrelazaron con los de algunas personas y se rompió lo que nos mantenía cerca de otras.

Creemos llevar miles de años de evolución, pero seguimos contando con demasiadas bestias entre nosotros. Seres despreciables que violan o justifican la violación, que agreden a quien es o se siente diferente. A intolerantes que no pueden hacer un mínimo esfuerzo por comprender a los demás o adaptarse a una sociedad cada vez más plural, y a cobardes que canalizan su odio acosando a quien no puede defenderse. Como dicen en esta novela, “nuestras vidas son lo que queramos hacer con ellas”. Depende de nosotros, por tanto, afianzar unos lazos y deshacer otros. Romper los que surgieron fruto del error y recuperar los que nunca debimos aflojar. Esos lazos forman nuestra red. Debemos hacerla fuerte, segura, y no dejar que ningún indeseable forme parte de ella, la debilite o destruya.


Igor vive atormentado. Ve, o cree ver, fantasmas que no le dejan olvidar. No puede superar el horror ni la pérdida que experimentó. De niño siempre quiso ser Marisol. De adulto preferiría ser cualquiera menos él mismo.
Pandora es consciente de lo que hizo. Sabe lo que vio y calló. También en qué momentos se equivocó, y que fue una de las personas que apretaron la soga de su mejor amiga (la víctima a la que hicieron parecer culpable, la persona a la que prefirieron juzgar en vez de comprender).
Nada les une, ni siquiera el hecho de tener madres tóxicas y familias disfuncionales, salvo su necesidad de redención. Las catarsis casi siempre son dolorosas, pero un extraño ritual les dará la oportunidad de ser (juntas) quien siempre quisieron ser.


Los hilos que rompemos es una novela intensa e impredecible que recurre a elementos fantásticos para denunciar lacras de las que, por más que lo intentemos, parecemos incapaces de librarnos. Inspirándose en dos hechos reales y aparentemente no relacionados, como el caso de La Manada y los campos de concentración chechenos para homosexuales, Javier Quevedo Puchal teje una complicada red de personajes y situaciones que nos conducen, indefectiblemente, a reflexionar sobre el modelo de sociedad que tenemos y el que queremos, a analizar nuestra ideología y valores, y a plantearnos qué estaríamos dispuestos a sacrificar por defenderlos.

Javier rompe con la realidad, pero inunda la fantasía de presente. Se toma todas las libertades narrativas que cree necesarias para elevar su voz en un grito de dolor. Tiende un puente entre la oscuridad de Cuerpos descosidos (a la que hace algunas alusiones) y la intimidad de Ojos verdes, negra sombra. Y, sobre todo, hace más evidente que nunca que las etiquetas de fantástico, LGTB y social, no son excluyentes, sino que forman parte de algo mucho más grande y en lo que él es un maestro: la LITERATURA.

Violencia homófoba, violencia machista, acoso, suicidio, transexualidad e hipocresía social, son algunos de los temas sobre los que esta novela hace reflexionar. Es dura, sí, pero el estilo de Puchal, tan elegante como rico en matices, suaviza lo insoportable hasta hacerlo disfrutable. Hic et nunc, aquí y ahora, es una frase que Igor nunca pudo olvidar. Hic et nunc es donde nos toca vivir. Hic et nunc es donde nos toca asumir nuestras responsabilidades. No esperemos, como los protagonistas de esta historia, hasta que sea demasiado tarde. Es el momento de que Rompamos los hilos que nos impiden ser mejores.


¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.


La asesina - Francisco Santos Muñoz Rico

 



¿Quién no ha fantaseado con matar? ¿Quién no ha soñado, en sus primeros años, con eliminar a poderosos adversarios y obtener gloria y reconocimiento por ello? Convertirse en juez, jurado y ejecutor. En héroe a golpe de espada o de arma automática, según preferencias.

Matar es una atrocidad, lo sabemos. Por eso, en nuestros juegos infantiles incluimos siempre una causa justa, una circunstancia que nos obligue a actuar para salvar a otros (y si es a esa persona que nos gusta, mejor). El bien y la justicia siempre están por encima de todo... en la infancia.

Las líneas que delimitan lo correcto y lo incorrecto se vuelven difusas con los años. Llega un momento en que asumimos que no seremos héroes, que nunca salvaremos de ningún villano ni a la humanidad, ni a ese ser por quien suspiramos. En que tomamos consciencia de que no mataremos a nadie porque, al margen de nuestra moral, no tenemos valor para hacerlo o para afrontar las consecuencias. Pero para entonces tampoco necesitamos inventarnos a los malvados como hacíamos de pequeños; ya tienen cara, nombre y apellidos. Así que, a no ser que alguna filosofía Zen haya calado fuerte en nosotros dotándonos de infinita serenidad y paciencia, nos damos, de vez en cuando, el gustazo de imaginarnos cometiendo un crimen. Ya no fantaseamos con la causa justa sino con el plan perfecto y es entonces cuando sentimos la pulsión de la que habla José Luis Pascual en el magistral prólogo de esta novelette. 
La idea, nacida como juego, puede revolotear por nuestra mente durante días y asaltarnos en momentos inesperados. Puede suponer una terapia contra la tensión, o toda una tentación.

Trasladar esas fantasías al papel y darles apariencia de ficción no es demasiado novedoso. Escribir sobre una asesina (Marina) que planifica el asesinato de su amante (un ser maravilloso, dicen) o lo que es peor, que se decide a cometerlo sin plan alguno, es algo ya visto. Lo realmente original de esta obra del inefable Francisco Santos Muñoz Rico, es que él juega a ser su esposa (aquí degradada al papel de “querida”) y decide terminar con la vida de su otro yo, (sí, ese ser maravilloso, ese Fran idealizado o todo lo contrario).

El humor está presente desde la primera hasta la última línea del texto, pero la trama no resulta surrealista o forzada en ningún momento. El insigne @franky_le_marchant consigue, desterrando el drama aunque no los excesos, que sintamos posible el universo que ha inventado y hagamos nuestros los cuestionables procesos mentales de su protagonista. Además, el selecto grupo de secundarias (convertidas también en potenciales asesinas o víctimas) eleva el entretenimiento a umbrales muy superiores a los alcanzados por cualquier fiesta regada con cerveza Desperado. Pero lo mejor es poder esperar (y desear) el homicidio del ilustre autor a sus propias manos, bueno, a las de su esposa convertida en amante.

¿Puede contagiarse una idea? ¿Puede ser aislada, controlada y eliminada o tiene la capacidad de reproducirse y mutar como un virus? Si queréis saberlo, abrid unas cervezas (de la marca que más os guste) y leed La asesina.

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

Antifastopías - V.V.A.A.A.

 



Somos simples peones para quienes dominan el tablero. Prescindibles y manejables. A sus ojos, todos iguales.

Nos polarizan. Nos hacen elegir bando, lo cual no es intrínsecamente malo, pero exigen de nosotros fe ciega. Y eso sí lo es.

Nos radicalizan pervirtiendo el lenguaje, desdibujando conceptos y credos hasta el punto de hacernos olvidar a favor o en contra de qué luchamos. Fascista y terrorista son insultos empleados demasiado habitualmente por totalitaristas, déspotas y reaccionarios; con ello logran que cada vez sea más difícil comprender el significado de estas palabras. Nos convierten en fanáticos anulando cualquier posibilidad de crítica o decisión. Nos dicen que estamos en el lado bueno de la historia, en el de los obedientes, en el de los sumisos, en el de los que hacen lo que les toca por su rey, su dios o su bandera, un símbolo que para ellos (los que no se cansan de agitarla) no es mucho más que el trapo con el que señalar cuándo, dónde y a quién embestir.

Y nosotros tendemos a aceptar las reglas del juego (sus reglas). Preferimos obedecer a pensar porque nos hemos acostumbrado a vivir con miedo. Gracias a un capitalismo cada vez más desatado podemos poseer cosas (las migajas de su gran banquete). Desde que nos conformamos con ser peones, desde que empezamos a creer que somos propietarios de algo, el temor a perderlo nos impide ser libres. Nos recuerdan constantemente que los otros (normalmente comunistas-fascistas-terroristas), quieren arrebatárnoslo. Y es que han logrado que parezca que solo hay dos opciones, dos bandos: el de los buenos y el de los malos. También nos recuerdan lo bien que vivimos ahora y lo mal que podríamos llegar a estar. Consiguen que queramos que nada cambie, que nos protejan de los malvados, que nos sigan dando migajas y que nos digan qué hacer para no tener que decidir y correr el riesgo de equivocarnos. Obedecemos, producimos y consumimos. Vemos el mundo como ellos quieren que lo veamos. Cedemos gustosamente nuestro tiempo y nuestra libertad a cambio de falsa seguridad y terminamos añorando tiempos pretéritos (que ni siquiera conocimos) porque (dicen) todo era más ordenado y mucho mejor.

La cultura, sobre todo la televisión, el cine y la literatura, son armas de doble filo. Pueden servir para construir mentes y amueblar almas, para hacernos vivir otras vidas y plantearnos dilemas a los que nunca nos enfrentaríamos en nuestro día a día. Pero también para adoctrinar y adormecer, para infantilizar y amansar. E incluso con esto nos manipulan: nos han hecho elegir entre el entretenimiento y todo lo demás. Entre el ocio y el merecido descanso frente al pensamiento y la concienciación. Pero no siempre es necesario elegir. Dejadme que os hable de un artefacto narrativo que no pretende adormeceros ni adoctrinaros. Que busca divertiros y a la vez, despertaros. Se trata de un Libro-Bomba (cuidado, habrá quien diga que son terroristas), aunque no explotará en vuestras manos. Dejadme que os hable de Antifastopías.

¿Cómo? ¡Qué la reseña empieza ahora! ¡Dios mío, prefiero ponerme Netflix a seguir con esto!

Tranquilos, que no cunda el pánico: llevo hablando de esta antología desde la primera frase. Repleta de fantasía, terror y mucha distopía, os hará plantearos en qué mundo vivís y a cuál os quieren llevar. Dieciséis historias inquietantes cargadas de acción, dolor, ternura y esperanza. Dieciséis metáforas de distintas manifestaciones del fascismo. Y dieciséis autores y un prologuista que os harán ser conscientes (más que nunca), de que solo sois peones, pero también de que en este tablero podemos movernos en direcciones distintas a la marcada.

Antifastopías no es una selección perfecta; no pretende serlo. Inevitablemente irregular, obedece a una sola consigna: agitar al lector e impedir que se acomode. Por ello, tal vez, abre fuego con ¡Malditos nazis necrófagos!, una engañosa historia pulp que, tras una relectura más sosegada, invita a recordar a Hannah Arendt y a reflexionar sobre la negación y la posverdad. Después, sin dar tiempo a digerirlo, el ataque de Román Sanz Mouta es inmisericorde: con un estilo crudo, áspero y aterrador, equipara a los nazis con seres de pesadilla, monstruos que nos obligan a correr (aunque no necesariamente delante de ellos). Y confirmando la imprevisibilidad de esta antología, La Primera Ministra desvela, en un relato divertidísimo, las claves para combatir una temible invasión alienígena. Quienes crucen este umbral, quienes superen esta ecléctica trinidad, estarán preparados para activar la bomba que tendrán en sus manos.

Tal vez algunos cuentos se queden cortos, pero el resultado final es realmente meritorio (y más teniendo en cuenta el carácter benéfico de esta publicación). No es de recibo destripar todas y cada una de las aventuras que viviréis cuando la abordéis, pero os diré que la mayoría de mis favoritas se encuentran en las páginas centrales: con Un sol eterno me he enternecido y entristecido, con Justa Retribución he desenvainado mi espada con rabia, Ouad me ha resultado terriblemente creíble y Elena Romea ha logrado, en tan solo dos páginas, transmitirme la combatividad y razón de ser de su Justina Saavedra.

Pensaréis que todas las historias son duras o tristes. Han de serlo. Pero no todas os robarán la esperanza. Algunas, como Sun Sucker (relato con vocación de cómic Jodorowskiano), Yallah Habibi (la más aterradora de las venganzas), y Óscar (la génesis de una rebelión), os impulsarán a alzaros y resistir.

La elección es vuestra. Podéis ser antifastópicos e identificar al espíritu consumista como la cadena que os roba el tiempo, la vida y la libertad. Podéis comenzar a asumir que el sometimiento y la obediencia no garantizan ningún tipo de seguridad. Podéis reconocer en el machismo la esencia del fascismo. Podéis huir o podéis combatir. Podéis leer este libro o podéis seguir viviendo enganchados a Netflix. ¿Qué preferís?


¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

Venus [V] - Raúl Gonzálvez del Águila

 


“El miedo es un enemigo implacable para el progreso”


Nuestro progreso tecnológico es exponencial. Parece no tener límites y cada nuevo descubrimiento abre la puerta a muchos más. Ahora sí que se puede decir que llevamos décadas caminando a hombros de gigantes: los ordenadores. Los bits han permitido volar a científicos e ingenieros que antes debían conformarse con andar. Intuimos que estamos en los albores de una era gloriosa. Pronto no nos conformaremos con tener alas y los Qbits, las computadoras cuánticas, nos proporcionarán las herramientas necesarias para cambiar nuestro mundo y, tal vez, a nosotros mismos.

Sin embargo, a mayor velocidad, mayor riesgo. Cuando se siente fe ciega en algo, es fácil bajar la guardia y dejarse llevar. ¿Cómo no confiar en aquello que creemos infalible?
La singularidad, el advenimiento de Inteligencias Artificiales fuertes, se profetiza cada vez más cercana. La ansiamos bajo la premisa de que los nuevos seres virtuales nos reconocerán como sus creadores y, por tanto, siempre estarán a nuestro servicio; todos los cálculos y simulaciones que lleven a cabo (inalcanzables para el cerebro humano), serán en nuestro beneficio. ¿Quién dudará de ellas cuando demuestren su devoción y su superioridad?

Pero, tal y como habéis pensado, nada es infalible. A altas velocidades, algunos accidentes son inevitables y las probabilidades de sobreponerse a ellos, escasas. Si, parafraseando a Nietzsche, mirásemos al abismo y este nos devolviese la mirada, ¿estaríamos dispuestos a destruir todo lo construido, a borrar todo rastro de nuestros logros y a cambiar radicalmente nuestra civilización con tal de sobrevivir? Y de hacerlo, ¿Aprenderíamos de nuestros errores o nos convertiríamos en rehenes de nuestros temores? Puede que ver el final tan de cerca nos transformase para siempre. Es posible que no consiguiésemos superar nunca el miedo. Y el miedo es el mayor enemigo para el progreso.


Ha pasado más de un siglo desde El Apagón, la catástrofe que estuvo a punto de acabar con la humanidad. Ese es el tiempo que se ha necesitado para destruir todo resto tecnológico de los denominados Digitales y avanzar siguiendo otros caminos, poniendo cuidado en cada paso e impidiendo cualquier progreso potencialmente peligroso.

Ocho nimbociudades, suspendidas en la infernal atmósfera de Venus, son lo único que queda de la poderosa civilización que tan cara pagó su soberbia. Hasta allí llega la Kipling, una nave tripulada por militares, científicos y savants (personas con capacidades especiales). Su misión: recabar información sobre los últimos días de los colonos en aquel planeta y, sobre todo, estudiar a los biontes, unos pequeños pulpos diseñados por Vishnu, la IA que propició el desastre.

Venus[V], novela corta ganadora del Premio Alberto Magno 2019, es una magnífica historia que, transportándonos a un futuro lejano en el que se han hecho realidad algunos de los mayores temores tecnológicos de nuestro presente, conserva el espíritu de las obras clásicas de exploración utilizando a nuestra especie (y no a una raza alienígena) como objeto de estudio y redescubrimiento. Apoyándose en un escenario tan temible como hipnótico y dosificando la información desde la primera página, Raúl Gonzálvez del Águila consigue estimular el ansia de aventura en el lector y espolear su necesidad de respuestas. Pero estas, las respuestas, son la verdadera trampa, las que le atrapan para no soltarlo pues, una vez llegan, generan nuevas cuestiones para las que nadie tiene respuesta.


La prosa, pulcra y efectiva, potencia el ritmo de una obra ágil y sin altibajos. El empleo de distintos tiempos verbales, en función del punto de vista de cada personaje, no distrae ni resta atención a la historia que se está contando. Y las pequeñas grandes ideas que podrían ser el germen de otras novelas (como los exóticos mecanimales o el empleo de savants para evitar el uso de tecnología demasiado avanzada) se quedan en el discreto segundo plano que la trama requiere.
Sí, Venus[V] es una novela de ciencia ficción de las buenas, de las que enganchan e inspiran. De las que asombran e inquietan. Una puerta a un universo que deja con ganas de más, aunque no requiera de ninguna continuación.


Venus es el infierno. Su gravedad y temperatura son incompatibles con la vida tal y como la conocemos. Allí las tormentas precipitan ácido y el aire, tras el inconcluso proceso de terraformación, es irrespirable. Pero embarcar en la Kipling supone una oportunidad que no podéis dejar escapar. Nadie pudo volver a las nimbociudades después del desastre y, probablemente, nadie lo hará después de esta misión. Solo si llegáis hasta la Botticelli lograréis entender lo que ocurrió. Los savants os ayudarán, los nudos en los quipus de las gemelas os proporcionarán respuestas para las que, tal vez, no estéis preparados y seguramente llegaréis a preguntaros si habéis actuado libremente o si formáis parte de un plan mayor. Pero también seréis testigos de una nueva forma de vida, una que nadie más que vosotros podrá comprender.

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.

La maquilladora de cadáveres - Dioni Arroyo



Hay una etapa en la vida en la que todo se experimenta más intensamente. Una etapa en la que las ideas se defienden con pasión, en la que se aspira a tener respuestas para todo y en la que el amor se imagina puro y eterno. Durante esa fase que casi siempre se asocia a la adolescencia (aunque dura unos cuantos años más) y en la que está permitido creer secretamente en la inmortalidad, no es necesario adorar a ningún dios. De hecho, se tiende a rechazar cualquier autoridad humana o divina y suele ser imperativo romper o aflojar los lazos que nos atan a quienes nos criaron o a quienes nos dieron las coordenadas que nos condujeron a un modo de vida mediocre e insatisfactorio. Tomar las riendas del propio destino se vuelve tan necesario como respirar, pero hacerlo solos suele ser demasiado complicado.

Encontrar, en esa fase tan vital como irreflexiva, a quien nos comprenda, acompañe o incluso, guíe hacia un rumbo desconocido, puede ser una de las experiencias más importantes de nuestra existencia. Este periodo, tan enriquecedor como sensible, suele marcar el resto de nuestra vida y en él es fácil confundir el amor con el deseo o sentirse fascinado por quien se muestre diferente a nuestros ojos, enigmático o exento de mediocridad. Pero si ese alguien es un ser vulnerable, dolido y autodestructivo, puede arrastrarnos a su espiral.
Existe una edad en la que todos tenemos derecho a equivocarnos, pero el precio de algunos errores puede ser demasiado alto.


Asur no tiene metas claras. Simplemente sabe que lo que tiene no le basta. Se siente perdido en un mundo que no le gusta, asqueado de su entorno, saturado y ajeno a su familia. Al terminar sus estudios universitarios decide independizarse y tomar las riendas de su vida. Pero todo cambia el día que una desgracia familiar le conduce al tanatorio donde reconoce a Itziar, una antigua compañera de instituto que ejerce como maquilladora de cadáveres. La inmediata fascinación que siente por ella es la antesala a un infierno personal del que nunca podrá salir.
Conoceremos su historia en sus propias palabras gracias al diario que le hiciera llegar a Dioni Arroyo años después de la tragedia. Porque contar su historia buscando la comprensión y el perdón de los demás, es lo único que puede mantener cuerdo a quien no es capaz de perdonarse a sí mismo.


La maquilladora de cadáveres, historia que viese la luz por primera vez en 2012 como Los ángeles caídos de la eternidad, es una novela de amor y muerte ambientada en el Valladolid de los años 80. Una historia criminal dura, cruda y sórdida salpicada de elementos propios del romanticismo y la novela gótica.

Estamos ante una obra muy diferente a las que Dioni Arroyo, uno de los autores de Ciencia Ficción más prolíficos de este país, nos tiene acostumbrados. En ella, personajes magníficamente perfilados hacen avanzar la trama en vez de dejarse arrastrar por los acontecimientos (tal y como sucede en la mayoría de sus títulos). Su prosa, más adornada que en creaciones posteriores, es perfecta para el tono áspero y oscuro del relato y los pequeños detalles (que corren el riesgo de pasar inadvertidos debido a lo breve de la historia), aportan múltiples matices sobre los sentimientos y procesos psicológicos que experimentan los protagonistas. Gracias a todo esto, el autor consigue retratar a la perfección una relación apasionada, irracional y desenfrenada entre dos jóvenes (un hombre desencantado y nihilista y una mujer herida y atormentada) que creyeron encontrar la salvación el uno en el otro, pero cuya unión provocó la chispa que hizo explotar una bomba armada de sufrimiento y rencor.

Itziar es, a los ojos de Asur, estimulante, diferente, fuerte e independiente. Un patito feo convertido en Cisne, un reto. Alguien a quien intentar dominar para no ser dominado. Abrid esta novela y presenciaréis un terrible crimen. El amor y la pasión son más poderosos que la razón. Y el sexo, su puerta de entrada. Él, que arrastrará las consecuencias toda su vida, necesita que conozcáis lo que ocurrió. Que comprendáis quién era y por qué hizo lo que hizo. Si lo hacéis, tal vez pueda llegar a perdonarse.

¿Te ha gustado esta reseña? ¿Quieres descubrir más libros como este? ¡Hazte mecenas de El yunque de Hefesto! Hemos pensado en una serie de recompensas que esperamos que te gusten. Y cuando lleguemos a la cifra de diez (entre todos los niveles), sortearemos mensualmente uno de los libros reseñados en: www.elyunquedehefesto.blogspot.com (Sorteo solo para residentes en España).

También puedes ayudarnos puntualmente a través de Ko-fi o siguiendo, comentando y compartiendo nuestras publicaciones en redes sociales.