Entrevista: Paula Gil





Paula Gil es una recién llegada a la ciencia ficción española que ha irrumpido con fuerza y contundencia. En su primera obra ha sabido conjugar perfectamente mucho de lo que sus experiencias vitales le han aportado, con las inquietudes que siente hacia nuestro futuro. Sus reflexiones, cargadas de realismo, crítica, responsabilidad, y cierto optimismo, nos recuerdan que estamos en un momento decisivo de la historia, tanto para nuestra supervivencia biológica, como para la conservación de nuestra humanidad.


H - Cuarenta mil años sin ti es la primera novela que publicas y fue finalista del premio Lara. Tiene una madurez y una calidad propia de autores con mayor bagaje literario. ¿Es realmente tu primera obra? ¿Por qué ciencia ficción? ¿Cuáles son tus influencias confesables?

P G - ¡Gracias, David! Sí, es realmente mi primera obra. Me ha gustado escribir desde niña, pero hasta ahora solo me había atrevido con relatos y nunca había publicado. Escribí una novela de ciencia ficción porque es un género que a mi gusta leer. Tengo especial predilección por las distopías. Autores como George Orwell, Margaret Atwood, Philip K. Dick, novelas más recientes como “La carretera” de Cormac McCarthy, “Estación Once” de Emily St. John Mandel, la trilogía de “Los juegos del hambre” de Suzanne Collins… Todos han tenido alguna influencia en mi temática. Y la ciencia ficción, especialmente las distopías, son además una poderosa herramienta de crítica social.

Nowevolution 2020
H - El worldbuilding que nos presentas en la novela es muy completo y creíble. ¿No es arriesgado situar la trama en un futuro tan cercano como 2035? Mucha gente lee las novelas de este género buscando predicciones. ¿no te preocupa la posible crítica de tus lectores si, dentro de unos años, nos alejamos del escenario que planteas? 

P G - Reconozco que es arriesgado y creo que, si volviera a escribir el libro, no lo situaría en ningún año concreto sino simplemente en un ”futuro próximo”. Pero espero que los lectores no busquen solo predicciones, sino temas para la reflexión que pueden ser relevantes ahora, en 2035 o más allá. ¿Somos excesivamente dependientes de la tecnología, por ejemplo? ¿Cuáles son los límites de lo moralmente aceptable en ingeniería genética? ¿Cuál es nuestra responsabilidad moral como especie dominante? 

H - En tu novela reflejas el deterioro del planeta. Creo que, tristemente, todo lo que nos cuentas ocurrirá. Pero no muestras inquietud o intentos de revertir la situación por parte de la clase política. En cambio, sí hay compañías (como las petrolíferas), que aprovechan la situación en su beneficio. Los ciudadanos, la gente de a pie, tampoco parecen preocuparse demasiado por ello hasta que las consecuencias les hacen salir de sus hogares. ¿Crees que no tenemos remedio en este aspecto? Y si es así, teniendo en cuenta que la maternidad juega un papel muy importante en la obra, ¿Qué sentido tiene traer más niñ@s al mundo? 

P G - No será fácil, nos acercamos a un punto de no retorno, pero soy una persona optimista y creo que aún estamos a tiempo de frenar el deterioro del planeta. Para ello será necesario un esfuerzo inmenso, tanto a nivel individual, por parte de los ciudadanos, como a nivel gubernamental. Obviamente hemos sobrepoblado el planeta y no necesitamos traer tantos niños al mundo. Pero tienen que seguir naciendo niños y –soy de nuevo optimista– creo que ellos van a hacer las cosas mucho mejor que nosotros. 

H - En la novela, la experiencia de la maternidad cambia, en cierto modo, a tus tres protagonistas femeninas... 

P G - Sí, ser padre o madre te cambia por completo. Yo tengo dos hijas, dos niñas geniales, y la experiencia ha cambiado mi escala de valores, me ha hecho preocuparme por cosas que quizá no me habrían parecido tan importantes si no tuviera hijos. Hay algo en el hecho de educar a alguien, de tratar de sacar lo mejor de una persona que te hace ser mejor persona a ti también. Ocurre algo parecido cuando eres profesor. Ser madre me ha acercado también más a mis propios padres, me ha permitido entenderlos mejor. 

H - El origen de la trama está en la pérdida de confianza hacia una robótica excesivamente limitada. En tu novela el hombre no está dispuesto a permitir el advenimiento de auténticas Inteligencias Artificiales. Sin embargo, la mayoría de científicos pronostican que esto será inevitable y que tendremos que convivir con ellas en muy poco tiempo. ¿Crees que el rechazo inicial, o la repulsión que pronostica la teoría del valle inquietante, será insalvable? ¿Vamos por un camino equivocado?

P G - La repulsión que pronostica la teoría del valle inquietante no es insalvable. O bien estos androides acabarán pareciéndose tanto a los humanos que no provocarán rechazo, o bien nos acostumbraremos a ellos. Muchos avances tecnológicos que hoy son parte de nuestra vida cotidiana provocaron rechazo inicialmente. Pero la Inteligencia Artificial no tiene por qué tener apariencia humana para que provoque inquietud. Millones de algoritmos ya controlan parte de nuestras vidas sin que seamos conscientes de ello. Eso es lo verdaderamente inquietante… 



H - He de confesar que una de las cosas que me impulsaron a leerme tu obra fue la curiosidad de saber cómo plantearías la coexistencia de humanos con neandertales, denisovanos, etc. Realmente es bastante creíble la forma en que lo expones. ¿Si estuviese en tu mano, les devolverías a la vida? ¿tendrían alguna posibilidad de no ser esclavizados por el hombre, tan proclive a abusar de los más débiles? 

P G - No, si estuviera en mi mano no devolvería la vida a otras especies de homínidos. Hay quien argumenta que en cierto modo se lo debemos, pues nosotros les empujamos de una forma u otra a la extinción. Pero no sabemos qué ocurriría con ese Neandertal, hay demasiada incertidumbre. ¿Sobreviviría a enfermedades actuales, por ejemplo? No sé si serían esclavizados, pero estoy convencida de que no serían considerados iguales. Se les vería más como animales que como humanos y provocarían rechazo en muchas personas. Es un poco como la repulsión ante androides físicamente muy parecidos a nosotros… pero no iguales. 

H - ¿Es extensible el evidente conflicto moral ante la clonación de homínidos a la posibilidad de traer de vuelta a animales prehistóricos con el fin de comercializarlos como animales de compañía? ¿Comprarías un dodo a tus hijos? 

PG - Sí, efectivamente veo el mismo conflicto moral. Aunque el ser humano es responsable de la extinción de muchas especies, la idea de recuperar animales extintos hace miles de años es muy peligrosa. ¿Cómo se adaptarían al ecosistema actual, qué impacto tendrían sobre otras especies? Es imposible saberlo. En mi casa no va a entrar ningún dodo, de eso estoy segura. 


H - Mantienes muy controlada tu exposición en las redes sociales. Sin embargo, en tu novela, todo el mundo está hiperconectado y hay poco margen para la privacidad. Además, te dedicas a la enseñanza y en ese 2035 los profesores son sustituidos por visores de realidad virtual ¿Qué harás dentro de 15 años? ¿Podrás adaptarte a ese mundo que no parece hecho a tu medida o intentarás retirarte con el resto de gente que no quiera vivir así? ¿Te convertirás en una Attacher? 

P G - Soy poco activa en redes sociales, es verdad, pero… ¡no soy ningún Attacher! No podría vivir en una comunidad Attacher porque no puedo prescindir de internet. Pero me preocupa la dependencia de muchos jóvenes de las redes sociales, el impacto que tienen sobre ellos. Es inevitable, están diseñadas para crear adicción, para mantenernos pegados a la pantalla, pero los adolescentes carecen de la capacidad crítica para darse cuenta y para percibir el efecto negativo que muchos contenidos tienen sobre ellos. Toda una generación se comunica principalmente de forma virtual y está olvidando que la tecnología debería ser una herramienta para acercarnos, nada más. 

Lo hemos visto durante el confinamiento. ¿Qué hubiésemos hecho sin videollamadas, sin redes sociales? Y, sin embargo, lo que todos ansiábamos era volver a ver en persona a nuestros familiares y amigos. Lo mismo ocurre con la educación. La tecnología es una herramienta muy útil en la enseñanza pero no puede sustituir a la experiencia de la escuela presencial. Durante la cuarentena, millones de maestros en todo el mundo han hecho un trabajo increíble enseñando online, pero pregunta a cualquier profesor, alumno o padre: nada es comparable a estar realmente en clase. En mi novela, la realidad virtual ha sustituido en parte a la enseñanza universitaria, pero solo para aquellos que no pueden costearse una carrera presencial. Eso ha quedado para quién pueda pagarlo, porque es lo más valioso. Espero que nunca lleguemos a ser una sociedad así, donde el que se lo puede permitir disfruta de la experiencia real –el viaje, la educación presencial– y, el que no, lo vive virtualmente. 

H - Para quien no te haya leído, explicaremos que los Attachers son una comunidad de personas que limitan su interacción y dependencia de la tecnología. Están mal vistos por la sociedad y son repudiados por la mayoría, lo que hace de sus vidas algo muy duro. ¿Te inspiraste en algún grupo como el de los Amish para crearlos? ¿será inevitable un movimiento así? ¿Ves posible que la humanidad en general se sienta algún día superada por sus avances tecnológicos y busque cierta seguridad en una pequeña involución? 

P G - No me inspiré en los Amish para crear a los Attachers. Tienen mucho en común, es verdad, aunque no el componente religioso. Creo que la inspiración llegó tras leer que muchos gurús de internet, directivos de Silicon Valley que trabajan para las principales empresas tecnológicas, son muy restrictivos con el uso de pantallas en sus casas. Sus hijos no tienen móviles o redes sociales, muchos van a colegios de filosofía Waldorf donde no se usan ordenadores… No sé si veremos una involución, pero creo muchos están buscando una vida más simple y menos dependiente de la tecnología. 

H - Sin embargo, volviendo a los Attachers, parece que te has encariñado con ellos... 

P G - Les tengo cariño, es cierto. Y volverán a tener un papel importante en la segunda parte de “Cuarenta mil años sin ti”, que estoy escribiendo ahora. 

H - El peso de la trama lo llevan completamente los personajes femeninos. ¿Es un acto reivindicativo? ¿una necesidad? ¿Un paso adelante en la literatura de ciencia ficción tan tradicionalmente poblada de autores y protagonistas masculinos?

P G - No fue un acto consciente; simplemente ocurrió. Quizá porque yo suelo leer más a escritoras que a escritores y tengo predilección por los libros protagonizados por mujeres. Pero es verdad que necesitamos más protagonistas femeninas y más autoras en la literatura de ciencia ficción. Estoy contenta si he puesto mi granito de arena. 

H - Laia, una española en San Francisco, no termina de sentirse integrada. Tú has vivido allí en tu época de corresponsal de prensa ¿Es tu alter ego? ¿Cuántos elementos autobiográficos podemos hallar en la obra? ¿Consideras que es una ciudad hostil de alguna forma con los extranjeros? ¿Y qué nos puedes decir de tus años en Alemania? 

P G - Como en muchas primeras novelas, hay algunos elementos autobiográficos, aunque no tantos como pudiera parecer. Pasé doce años en San Francisco. No es una ciudad hostil con los extranjeros; de hecho es extremadamente cosmopolita y abierta, pero sí es cierto que, durante los primeros años, sentía que no iba a lograr integrarme por completo en la cultura, hacer amigos estadounidenses…etc. Todo eso cambió y llegué a sentirme en casa. Lo mismo ocurrió en Alemania, donde viví seis años. Al principio fue difícil y después se convirtió en mi hogar. Los alemanes pueden parecer fríos al principio, pero cuando haces un amigo allí, es para siempre. 

H - Sin embargo, volviste a Madrid... 

P G - Sí, aquí crecí y aquí está casi toda mi familia, además de muchos amigos. Había estado casi veinte años fuera e inicialmente tenía dudas. ¿Y si no me adaptaba, y si me sentía más extranjera que española? Pero no ha sido así y estoy encantada. Lo que me sigue costando es situar la trama de mis novelas en España. Me siento insegura, como si alguien pudiera venir a decirme: “esto no es así, se nota que has estado tiempo fuera”. 

H - Nowevolution es una de las editoriales que mejor tratan a la ciencia ficción en España ¿Cómo llegaste hasta ell@s? 
Feria del libro de Vallecas 2020

PG - Fue en la Feria del Libro de Madrid el año pasado. No les
conocía, supongo que porque hacía tiempo que no leía ciencia ficción española. Me acerqué a su caseta y tuve la suerte de poder charlar con Rubén Buitrago, co-director de Nowevolution. Le hablé de mi novela, me pidió que se la enviara y al cabo de unos meses me confirmó que querían publicarla. La experiencia de trabajar con ellos ha sido excelente. 

H - ¿Qué puedes decirnos de tu próxima novela? 

P G - Acabo de terminar mi segundo libro, “Alpha”, una novela también de ciencia ficción ambientada en un colegio californiano, una escuela que es, digamos, muy especial. Y ahora estoy trabajando en la segunda parte de “Cuarenta mil años sin ti”, que aún no tiene título. No quiero adelantar demasiado, pero Lars y las comunidades Attachers estarán en ella, además de muchos personajes nuevos. 

H -  Recomiéndanos un autor o autora. Solo uno/a. 

P G - ¿Uno solo? Qué difícil… Voy a recomendar a Diane Cook, autora de “The New Wilderness”, uno de los finalistas del Booker Prize este año y el último libro que he leído. Es una distopía brutal y maravillosamente escrita sobre la vuelta a nuestros orígenes y la complejidad de la relación entre madre e hija. Espera, ¿puedo recomendar otro? Yuval Noah Harari. “Sapiens” inspiró “Cuarenta mil años sin ti”, así que le debo mucho. Es un libro que además suelo regalar. 

H - ¿Algún consejo para quien sueñe con convertirse en escritor/a? 

P G - Que escriba cada día. Aunque luego deseche mucho de lo escrito, es importante para adquirir el hábito. Que no tenga miedo de buscar ayuda o consejo de otros escritores con más experiencia. Todo el mundo ha sido nuevo en algo alguna vez y suele estar encantado de echar una mano. Y que lea, que lea mucho.


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2 comentarios:

  1. ¡Qué buena entrevista! La autora me ha parecido bastante inteligente. Yo también creo que no es descabellado situar la trama dentro de 15 años; ya convivimos con inteligencias artificiales , sólo un paso más para que nosotros mismos nos desbanquemos a la hora de trabajar en lo verdaderamente interesante. En cuanto a las redes sociales, pocos pueden vivir sin ellas aunque todos reconozcan los problemas. En fin, creo que es un tema muy interesante, e inquietante por lo que supondría la clonación. Es genial que nos descubras nuevas voces. ¡Enhorabuena!

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    1. !Muchas gracias! Trato de mostrar nuevas voces que tienen muy claro que decir, y calidad literaria. Paula Gil tiene un gran futuro en el mundo de la literatura, y como amante del género, espero que no termine abandonando la ciencia ficción en busca de prados más verdes. Muchas gracias por estár siempre ahí.

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