La verdad sobre el incidente estelar más famoso de la Historia de la humanidad (Relatos del hombre del futuro 1) - Antonio López Sousa


El método de “ensayo y error” es indispensable para que la ciencia avance; gracias a él se comprueban teorías, se subsanan posibles problemas de aplicación, y se descartan opciones inviables. No lo pongo en duda... pero siempre me ha llamado la atención lo extendida que está la expresión “de los errores también se aprende”. Yo, que a veces recupero el espíritu conspiranoico que me invadió en mi adolescencia tardía, nunca he podido evitar unir ambas ideas y preguntarme: ¿Cuántos descubrimientos no han sido fruto del error? (error en el resultado o error en el propio experimento). Y sí, cuando me planteo temas como este, dudo de todo. Pienso que nos mienten, o que nos dicen la verdad cuando quieren que pensemos que es mentira. Que llaman inspiración a lo que fue fruto de la casualidad, y accidente a la consecuencia de alguna prueba malintencionada que se les escapó de las manos. 

Este texto (me resisto a llamarlo novela), me altera. Hace que mi mente funcione a mayor velocidad, que analice lo que cuenta, que lo contraste, que investigue al autor y me pregunte si lo que narra es ficción o realidad. Dejadme que os explique: 

Supuestamente estamos ante una divertidísima obra de ciencia ficción, concretamente una Space Opera que bien podría etiquetarse como “parodia estelar” (al estilo de Bill, héroe galáctico y Diarios de las estrellas, escritas el siglo pasado por Harry Harrison y Stanislaw Lem). En ella, Ivan Dmitrich Dimitrov (nombre prestado de otra pieza literaria), nos cuenta en primera persona sus vivencias a bordo de la N.E.G Caelonauta, en el que sería (o será), el primer viaje de exploración de la humanidad al más puro estilo de Star Trek. Ya, ya sé que no me seguís aún, pero dadme un poco más de tiempo: el protagonista, tras avisarnos del increíble suceso que salvó su vida al término de la citada misión, nos relata cosas tan divertidas (aunque intranscendentes), como la guerra de “bromillas” declarada entre la tripulación científica (los denominados creaecuaciones, desgastabatas, e inventaestupideces), y él. Sin embargo, multitud de detalles acerca del mantenimiento de la nave, la Galaxia Enana de Draco, la historia de la humanidad, y sobre todo, respecto a un accidente científico de consecuencias inesperadas (de esto hablaba al principio), me hacen sospechar que no estamos ante una obra de ficción. No, no me he vuelto loco, hay mucho más: casi todos los nombres de los personajes que aparecen son “homenajes” a actrices, figuras históricas, etc. Estoy seguro de que, tanto dichos nombres, como los extraños epítetos empleados con los científicos, son términos en clave. ¡Esperad!, ¡Seguid leyendo, aún falta lo mejor! Todo lo que os he contado es, aparentemente, una ficción que dice ser realidad. Pero sospecho que es justo lo contrario. Veréis: 

El primer tercio de la “novela” adopta la forma de un relato (también en primera persona), en el que el autor, un tal Antonio López Sousa, asegura haber recogido esta y otras muchas "aventuras" como fruto de su convivencia (y la de su esposa Olalla) con Max, un visitante del futuro. Nos describe, dando fechas y lugares concretos, el modo en que se conocieron y lo profunda que llegó a ser su amistad. La relación que dice haber tenido con el supuesto viajero del tiempo me recordó a la que mantenían el extraterrestre K-Pax y su psiquiatra en la adaptación cinematográfica de la novela de Gene Brewer. Así que investigué. ¿Y sabéis qué? ¡Antonio López Sousa existe! Durante meses estuvo publicando comentarios, reseñas y fotos en redes sociales que estaban relacionadas con este texto. Todo demasiado creíble y fácilmente comprobable... es como si hubiese estado elaborando pruebas que apoyasen su relato. Tal vez, todas esas menciones que incluyó en su “confesión ficticia” a lugares que suele frecuentar de su Galicia natal, y a autores y obras concretas de determinadas editoriales ya desaparecidas, sean parte de un plan mayor que se me escapa. Solo sé que quiere que pensemos que es ficción lo que realmente aconteció, ¡por eso dice que sucedió y ha fabricado tantas pruebas, para que NO le creamos! 

¡Esperad, esperad! Veo que no os he convencido. No importa. Daré con él y esclareceré todo esto. Es mi destino. ¿Sabéis como llegó el libro a mis manos? Un hombre lo dejó olvidado en un asiento del metro. Cuando lo vi y le llamé, me miró, y salió corriendo. ¿Lo adivináis? El aspecto de ese hombre coincide con la descripción de Max.

Memento Mori (Una historia de Ora Pro Nobis) - Rafael Marín


La vida nos llena de dudas e inseguridades. Hay quien pierde la fe con el paso del tiempo. Y hay quien nunca la tuvo, pero la busca desesperadamente al sentir cercano el frío del ocaso. La experiencia, las decepciones y el transcurrir de los años, suelen obligarnos a ampliar nuestra perspectiva, y mientras que en la juventud la moral tiende a reducirse a dos tonos (el blanco y el negro), un par de décadas o tres son suficientes para que todo parezca gris y cargado de complicados matices. Cuando se llega a este punto es difícil seguir creyendo en esa lucha épica por nuestras almas de la que a algunos nos hablaron en la escuela con la misma solemnidad que de cualquier ciencia exacta o empírica. Esa seguridad perdida hace prácticamente imposible que creamos en combates entre arcángeles y demonios, entre Dios y Lucifer; ya no soñamos con el paraíso ni tememos el infierno y es difícil, por tanto, que encontremos alguna ficción sobre estos temas que nos haga volar como en nuestra infancia. 

Pero puede ocurrir que aparezca alguien excepcional con la capacidad de devolvernos a ese lugar, tan mágico como siniestro, al que nunca creíamos que volveríamos. Alguien que nos sumerja en una trama oscura, descarnada y adulta. Alguien que nos haga volver a creer (aunque solo sea durante unos días) que la Iglesia Católica conoce los designios de Dios y que lucha a su lado. Que el Papa es, además de un guía espiritual para los creyentes, un general al mando de los combatientes que han de exterminar a las criaturas de las tinieblas y así salvar, si no la vida de los inocentes, al menos sus almas. Ese alguien tiene un nombre: Rafael Marín. 

Ángela de Ory, Esaú Falconi, e Ismael Nero componen Ora Pro Nobis, el brazo armado de Dios. Pocos son los que saben de su existencia, y menos aun quienes se han enfrentado a ellos y han podido contarlo. Pero el mal es tenaz y persistente en su infame labor, nunca se agota. Se reinventa continuamente capturando nuevos peones que emplea (pacientemente) en una partida eterna ¿Y habría mayor victoria que desarmar completamente al rey rival? 

Cuando los tres son enviados a investigar la aparición de una joven que exuda maldad, no pueden imaginar que esta vez, aquello a lo que se enfrentan, enraíza tan profundamente en sus vidas que el precio a pagar por cumplir su misión puede ser demasiado alto. 

Esta novela, continuación de Ora Pro Nobis, no sigue la estructura de su predecesora (tres relatos independientes). La trama, mucho más compleja y elaborada, sumerge al lector en distintas líneas temporales que van tomando un cariz más oscuro a medida que se adentra en la historia. En ella unos seres infernales que recorren la Italia fascista de Mussolini, una investigadora de lo paranormal que intenta recuperar los recuerdos de la última superviviente de un Club muy especial, y los actos más depravados, extremos y crueles ocultos tras el mundo de la pornografía, atraparán al lector y le llevarán inadvertidamente hacia un final impactante. 

Marín, uno de los escritores, guionistas y traductores más importantes de la literatura de género de nuestro país, consigue que, sin necesidad de tener fe, nos sumerjamos en esa interminable lucha entre la luz y las tinieblas. Un lenguaje cuidado, el juego constante entre la mitología fantástica y lo más sórdido de nuestra sociedad actual, y el tono sombrío de muchas escenas, hacen de Memento Mori una obra de lectura obligatoria para todos aquellos que anhelen enfrentarse a la oscuridad. 

No temáis a los ojos en blanco tras las máscaras, al mal disfrazado de éxtasis sexual, a las jaurías de seres de reminiscencias vampíricas, ni a las razas olvidadas que se alimentan de almas. Debéis ayudar a Ángela de Ory a descubrir los secretos que ignora sobre su pasado, a Ismael Nero a cumplir con el destino de su estirpe, y a Esaú Falconi a terminar de purgar sus pecados para poder cerrar el círculo que le une a su redentor. Se lo debéis, porque ellos arriesgan cada día sus vidas por libraros de horrores que ni imagináis.

De rebaños o de pastores - Maielis González

 


Soñamos con la libertad. Somos más felices cuando creemos que la tenemos. Mataríamos por obtenerla de pensar que nos la han arrebatado. Pero, ¿qué es, en qué consiste? ¿nos hace dueños de nuestro destino o simplemente nos lo hace creer permitiéndonos tomar pequeñas decisiones que en nada alteran el rumbo marcado? ¿Somos realmente capaces de huir de aquello para lo que nacimos o fuimos criados? 

¿Y qué hay del amor? ¿no nos obliga a sacrificios y renuncias por conseguir o conservar a otros seres? Tal vez la pasión y el deseo nos encadenen. 
Puede que la libertad realmente exista y nos convierta en seres infelices que deben asumir sus propios errores, vivir con las consecuencias, y pagar el precio de sus equivocaciones sin tener un amo al que culpar. 

¿No renunciaríais a vuestra independencia, al libre albedrío, a cambio de tener a alguien con quien compartir la carga de una conciencia atormentada por las malas decisiones? Pues imaginad que sois un ser casi único, sobresaliente entre los miembros de una especie potencialmente superior a la humana. Perseguido, incomprendido, obligado a sobrevivir en un universo hostil y aterrador. Imaginad que habéis luchado, habéis vencido y habéis errado. Qué sois libres, pero no tenéis el control sobre vuestro destino ni nadie a quien confesar vuestros temores. Imaginad la soledad de Shomer. 

En un futuro lejano la tierra es un planeta asolado por la guerra. El cosmos está repleto de vida, pero la del hombre no es esa raza respetada o preponderante que siempre hemos imaginado. La humana es una especie insignificante, tal vez exótica, en un universo hostil y carente de una ética que limite las desigualdades o la búsqueda del beneficio inmediato a cualquier precio. Incluso en su hogar ha sido dominado; los iliitas, unos seres alienígenas, habitan y controlan el sistema nervioso central de un importante porcentaje de ellos. Estos son temidos y odiados por el resto de seres inteligentes. Su capacidad para someter a otros y su tendencia a la paz amenazan el cruel sistema de aquellos que viven de la guerra y la violencia. 

Shomer es un herder, una raza descendiente del pastor alemán que fue manipulada y utilizada como arma por los humanos durante la gran guerra que asoló el planeta. Sus características fisiológicas son más favorables a los iliitas así que estos supervisan el adiestramiento de los cánidos en la comuna Epifanía, un centro de experimentación donde tratan de potenciar su inteligencia y sus capacidades extrasensoriales. El protagonista de esta historia, sintiéndose prisionero y poco integrado entre los de su especie, comienza a ansiar la libertad sin ser consciente de cuál puede ser su precio. 

De rebaños o de pastores es una Space Opera oscura y salvaje. La novela (corta, entretenida, y maravillosamente ilustrada), es dura de principio a fin. Sin hacer demasiado hincapié en las escenas más desagradables, está repleta de violencia, ruindad, explotación y abuso sexual. Con un protagonista y unos pasajes que al principio recuerdan a Sirio de Olaf Stapledon (al que se cita), y a Ciudad de Clifford D. Simak, plantea numerosas cuestiones de difícil respuesta; Shomer comprobará, a través de las visiones que le atormentan y de sus propias experiencias, que todos los seres inteligentes tratan de vivir mejor a costa de los más débiles, que los valores morales son un lastre cuando trata de conservar una libertad que, sin embargo, no le hace más feliz, y que convertirse en aquello que se detesta a veces es inevitable. 

Maielis Gonzalez tiene una imaginación desbordante y la extraña cualidad de manejar los comportamientos y las situaciones más salvajes sin causar repulsión en el lector. De remover su conciencia y enfrentarle a lo insignificante y efímera que es nuestra existencia. Y de, a pesar de todo, abrirle una puerta a la esperanza.

¡Abandonad la postura bípeda! Los rebaños de hoy pueden ser los pastores de mañana.

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Orpheus - Manuel Braceli


La mitología clásica siempre ha estado presente en la cultura occidental. Su amenidad, la grandiosidad de sus personajes (extraordinariamente imperfectos), y su profundo simbolismo, han enraizado irremediablemente en nuestro imaginario. Nadie se plantea, a la luz de la razón, que las leyendas que la conforman no sean ficción. No creemos en un Olimpo repleto de dioses caprichosos ni en una tierra poblada por titanes, y aunque algunos piensen que los nombres que nos pusieron puedan condicionar nuestra personalidad, tampoco hay quien espere que, al llamar a su hijo Héctor, termine sus días a manos de algún Aquiles. Pero ¿y si estuviésemos equivocados y aquellos mitos contuviesen más realidad de la que nos atrevemos a aceptar? ¿y si fuese cierto que nuestra existencia es cíclica como predican numerosas filosofías orientales?, ¿Y si esa visión circular del tiempo, presente también en la idea del Eterno retorno, no estuviese desencaminada? De ser así, en un futuro lejano, ¿Cómo te gustaría llamarte? 

Nada dura para siempre, ni siquiera las estrellas. La galaxia Ende disfruta de sus últimos siglos de vida; Caribdis, un inmenso agujero negro la engulle lentamente y Perséfone, su último sol, es atraído inexorablemente por él. Hasta allí llega Charles Duncan, un microbiólogo de primer nivel que ha sido contratado por la corporación Saito para hacer un estudio sobre vida bacteriana en gravedad cero. Y junto a él sus hijos gemelos, Orfeo y Morfeo. Scyla, una estación científica situada en el asteroide Minos, será su nuevo hogar. 

Los dos chicos, de inteligencia muy superior a la media, se enfrentan a esa etapa de la vida en la que comienzan a distanciarse. Orfeo, más sensible que su hermano, busca refugio en la música para superar la pérdida de su madre y los cambios en la personalidad de Morfeo. Nada le llama excesivamente la atención en el lugar excepto el enorme porcentaje de gemelos que allí estudian (todos menores de catorce años), y la obsesión de la mayoría por ‘The Castle’ , un holojuego al que ninguno se resiste. 

Orpheus, obra ganadora del Premio Domingo Santos 2012, es una Space Opera de reminiscencias juveniles cuyas páginas devorarán aquellos adultos que (equivocadamente) creerán conocer todas las respuestas. En ella, el autor consigue armonizar la mitología clásica con un futuro lejano en el que todo sigue girando alrededor del control de los recursos y los intereses económicos; Braceli reinventa las leyendas sin desdibujarlas, haciéndonos pensar que tal vez asistimos a la repetición de un ciclo anterior que busca perfeccionarse. 

No importa si abordáis esta novela buscando a Los Argonautas o al Demiurgo. Si queréis acompañar a Eurídice por el inframundo o que Morfeo os revele los secretos de los dioses. Nada de lo que encontraréis será lo que esperáis. Y, sin embargo, hay cosas condenadas a repetirse. Abrochaos bien los cinturones porque lo que hallaréis será una aventura épica de ritmo cada vez más frenético, amor, luchas encarnizadas, dos reyes de dudosa moral (el del castillo y el de las ratas), titanes asombrosos, y puede que al mismo Adán. Pero sed precavidos y cuidaos de las sirenas: si dan con vosotros no podréis resistir el embrujo de su canto.

Memorias de un magnetizador - Jorge Ordaz



Cuando se habla de novela histórica nuestra mente se redirecciona automáticamente a tiempos lejanos. Parece que la palabra ‘historia’ nos remite inevitablemente a épocas de estatismo social, cultural y tecnológico, siglos en los que los cambios eran tan lentos que resultaban imperceptibles tanto para los personajes que los habitaban, como para los observadores posteriores. Tal vez parte de la culpa la tengan los autores que prefieren la “seguridad” que ofrece, a la hora de documentarse y repetir fórmulas arquetípicas, cualquier edad anterior a la contemporánea. Pero este subgénero narrativo también puede buscar escenarios dinámicos y tramas más proclives a la disección cultural y humana, que a la acción o el drama. Pocos escritores eligen esta vía, más exigente en lo creativo y menos rentable en lo crematístico, pero afortunadamente Jorge Ordaz es uno de ellos. 

Y es que Memorias de un magnetizador se desarrolla en un siglo tan mágico y propenso al cambio como fue el XIX. Dimas Pons, el protagonista de esta novela, debe abandonar su Puerto Rico natal siendo apenas un niño; huérfano de padre, avispado y valiente, se enfrenta al mundo con ilusión y ansias de conocimiento. El azar o el destino hacen que un trabajo de aprendiz en una sombrerería le introduzca en el curioso, y por entonces aún aceptado, mundo de la frenología (sí, esa antigua teoría hoy considerada pseudociencia que defendía la predicción del carácter, la personalidad, y las tendencias, por la forma del cráneo y las facciones del rostro). Esa profesión le abre las puertas a un estrato social antes inaccesible para él y repleto de oportunidades que no duda en aprovechar cuando se le presenta la ocasión de instruirse en las novedosas doctrinas del “magnetismo animal”. 

Como ya hiciera en Las confesiones de un bibliófago, Ordaz se apoya en el periplo vital de su personaje principal para retratarnos una época llena de ingenuidad y optimismo ante los nuevos descubrimientos científicos, y para hacer desfilar por sus páginas, directa o indirectamente, a personalidades de ese período como Mariano Cubí (lingüista y frenólogo español), o el propio Mesmer (cuyo trabajo dio origen a lo que hoy conocemos como hipnosis). Estas “salpicaduras” de realidad dentro de la ficción, junto con un cuidado lenguaje de reminiscencias decimonónicas, hacen que el lector se sumerja en una historia (narrada en primera persona), en la que el escenario termina siendo tan importante como las proezas mesméricas del avezado magnetizador que nos las relata. 

Aquí no encontraréis acción trepidante, combates a muerte, o personajes predestinados a la gloria. Lo que hallaréis es la vida de un hombre de mundo, excepcional pero creíble. Un viajero de origen humilde que aprenderá a prosperar de forma honesta en ambientes de exquisita educación e instintos ordinarios. Que nos descubrirá como eran Barcelona primero, Europa y América después. Que no se dejará contaminar por las costumbres y el racismo imperante en el “mundo civilizado” de la época, y que profundizará en su técnica sin esperar reconocimiento por ello. Pero también un poquito de clarividencia, láudano, poetas sin inspiración, viudas desconsoladas, vudú... y por supuesto, a la extraordinaria Livie. 

No temáis, ¡dejaos magnetizar!

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Ikiru : Vivir - Carolina Sarmiento


Ikiru significa vivir. Este hecho, el de estar vivos, es algo en cuyas implicaciones y esencia no reparamos. Lo tenemos tan asimilado como una “cosa natural”, que no nos detenemos a percibirlo realmente en nuestro cuerpo y nuestro espíritu. 

Es necesario parar, respirar, escuchar, admirar la belleza que hay en cada lugar y cada momento. Y eso, dado el ruido que nos rodea y lo atareados que siempre estamos, no es frecuente. Tal vez solo quienes presienten que están al final del camino advierten lo imperativo de hacerlo, atormentándose después por no habérselo planteado antes. 

Este breve poemario incide en la necesidad de reordenar lo importante y anteponerlo a lo urgente. Su título, prestado de la película rodada en 1952 por Akira Kurosawa, no puede ser más acertado: al igual que el señor Watanabe, debemos despertar y darle un sentido a nuestra existencia más pleno del que la anestesia de lo rutinario nos permite. 

Pero la influencia oriental no queda ahí y se extiende por toda la obra. Los versos libres, minimalistas en algunos casos y con vocación de microrrelatos en otros, recuerdan a los Haikus sin seguir su estructura. Carolina Sarmiento se concentra en lo hermoso de las pequeñas cosas, en conectar consigo misma y con su entorno, en alejar lo artificial y sentir cerca lo natural generando un estado de calma y bienestar en quien se quiera dejar arrastrar por su mundo interior. Sin embargo, sería injusto no reconocer que este trabajo tiene dos autores, pues las brillantes ilustraciones de Carlos Rivaherrera potencian cada palabra y cada aforismo, obligando al lector a detenerse en ellas, a volver a las frases que lo inspiraron y a reflexionar. 

Ikiru es una obra breve que se puede leer en pocos minutos, pero que debe ser paladeada lentamente. Un poemario estimulante al que recurrir en busca de momentos de serenidad e intimidad, para reconectar con la naturaleza o para observar lo cotidiano con otros ojos. En definitiva, para buscar la esencia frente a la apariencia. 

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Endémico - Ángela Pinaud


La electricidad nos dio luz y esta alejó las tinieblas. La ciencia y la tecnología nos proporcionaron datos, respuestas. Ahora sabemos que, aunque a veces no lo parezca, nada carece de una explicación racional. Por fin hemos dejado atrás las supersticiones de origen incierto y el temor a los demonios. Necesitamos psiquiatras, no exorcistas, así que cuando los muertos se levanten de sus tumbas, terribles visiones te atormenten y una poderosa voz resuene en tu cabeza, no temas. ¿O acaso crees que la gran mosca dejó en ti sus larvas? 

Gael es la sombra de lo que fue. Agotado, vencido, incapaz de reconocer su derrota, malvive en un pequeño pueblo minero del interior de la península. Lejos quedan los años en que fue enviado por el Vaticano a combatir las fuerzas del mal. Ya no es el mejor de los exorcistas. Tal vez ni siquiera sea uno de ellos. Cada vez que las tinieblas le acechan prefiere cerrar los ojos e ignorar las palabras que le exhortan a marcharse. Duda de sí mismo, de su salud mental, y el alcohol y el tabaco son su refugio, lo único que le calma mientras espera una oportunidad para reparar una tragedia que no pudo o no supo evitar. 

Cuando un terrible suceso sacude la vida tan aparentemente tranquila de la localidad, el sacerdote cree ver relación entre los nuevos acontecimientos y los que le llevaron allí diez años atrás. Nadie quiere remover demasiado lo ocurrido y todas las puertas se le van cerrando hasta que Anastasia, una periodista de duro pasado e inagotables recursos, entra en escena y le persuade para que colaboren a pesar de su aparente incompatibilidad. 

Ángela Pinaud arranca la novela con imágenes impactantes y desasosegantes, dignas del propio Clive Barker. Enfrenta al lector a la presencia del mal más puro, el demoníaco y lo hace de una forma sobresaliente. La obra, cargada de personajes bien construidos, pronto toma la senda del género policiaco con una pareja protagonista cuya química es innegable. No permite que la tensión se diluya; periódicamente nos sacude con sucesos aterradores que generan un ambiente malsano y temible. La trama, muy bien planificada, gira en torno a extraños ritos, siniestras obras de arte y un misterioso libro, el Necronomicón. Implicar a personajes como Clark Ashton Smith o Lovecraft en una historia que no se separa (ni lo pretende) de la estela de El exorcista, es arriesgado. Pero la autora lo logra con una naturalidad aplastante. 

Por supuesto, todo lo que encontraréis en Endémico es ficción, así que no temáis. Como decíamos al principio, los demonios no existen. Sed valientes, olvidaos del ruido de la civilización y leedlo a la luz de una vela. El silencio os ayudará. Ignorad los cánticos, los hedores y el frío. Si os sangran los tatuajes no os preocupéis y adentraos en este relato de muertos vivientes, posesiones demoniacas y crímenes atroces sin ninguna inquietud, pues las voces que escucharéis solo estarán en vuestra cabeza ¿o acaso creéis que la gran mosca os llama?
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Entrevista: Héctor R. Asperilla (Adeptoobscura)

 


Héctor R. Asperilla (también conocido como Adepto Obscura), es un Artista con mayúsculas. Inmerso en el mundo del arte desde los 7 años, ha pasado toda su vida formándose y explorando las posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen a la creación artística. Su estilo es único y su capacidad para escoger la técnica adecuada para cada trabajo, sorprendente. 

Actualmente es uno de los ilustradores más solicitados por autores y editoriales de género. Sus ilustraciones, capaces de transmitir tanto soledad o temor como energía, acción y adrenalina, siempre son capaces de captar la esencia de las historias en que se inspiran. 

Su imaginación vuela. ¿Queréis volar con él?

Ad - Ante todo, quiero agradecer esta entrevista. No me considero alguien especial o merecedor de atención, y esto es algo sorprendente y que me ayuda a valorarme un poco más.

H - Pues si no te valoras, ya es hora de cambiar eso. Cualquiera que observe tus trabajos tiene claro que te espera un gran futuro, así que gracias a ti por tu tiempo. Vamos allá:

Escultor, historiador del arte, fotógrafo, ilustrador, diseñador de juegos de rol… ¿vivir del arte fue siempre tu única opción?

Nuckelavee

Ad - Bueno, he de decir que jamás me planteé el arte, tanto teórico como práctico, como una meta o algo de lo que vivir. Para mí es algo lúdico, un lenguaje con el que expresar mis ideas y emociones independientemente de si hay “lectores” fuera de mi círculo personal. Empecé de muy pequeño porque era algo que me gustaba, y siempre tuve el apoyo incondicional de los míos.
Nunca tuve barreras que me impidieran experimentar o aprender, fuera cual fuera el ámbito artístico en el que me metiera.

H - Aunque tocas tantos palos artísticos, muchos te hemos descubierto por tu trabajo como ilustrador para el sector editorial (Apache, Cazador de Ratas, Titanium, etc) ¿buscaste tú este oficio, o es el único modo de ganarse la vida ilustrando en España?

Ad - Pues no, no he buscado el oficio. De hecho, mi vida laboral es una vida normal, por cuenta ajena, una vida que me da para comer, pagar facturas y, muy de vez en cuando, algún capricho no excesivo.

Iris. Rota hermosura
Nohemí Abad Jiménez

El comenzar a realizar arte por encargo, para las editoriales y autores independientes, fue algo que me cayó completamente por sorpresa, algo 100% inesperado.

Tengo una opinión bastante dura y crítica con respecto a España y el tema del arte (y la cultura en general) … Pese a ello, y por mi actual experiencia como ilustrador, creo que sí se puede vivir de la ilustración, no solo realizando arte para las editoriales y autores indies. Estos trabajos son una manera de hacerse visible; creo que, manteniendo una cierta calidad, sabiendo entender a los autores y editores y formándose continuamente, acaba uno dándose a conocer y, si se quiere, trabajando en otros ámbitos.

A mi modo de ver, trabajar para editoriales y autores es tan satisfactorio como trabajar en publicidad, medios audiovisuales u otros ámbitos en los que se necesiten artistas. No considero que haya escalafones. La única diferencia que veo es económica (que es una diferencia enorme, evidentemente). A mi me llena tanto poder ilustrar un libro con el que una obra gane mayor visibilidad como participar en el arte conceptual de un videojuego o una película.

H - Tu trabajo se centra en la creación y difusión de la ciencia ficción, la fantasía y el terror. ¿Esto es consecuencia de tu estilo como creador, u obedece a tus gustos personales como consumidor de cultura?


Ad - A un poco de todo. Por un lado, todo lo que surge de la imaginación (fantasía, terror, cifi) te da una libertad que en otros estilos no tienes (o no he encontrado todavía). Es más “artístico” y me permite dar rienda suelta al acto creativo.

Como consumidor de cultura me pasa otro tanto. La ciencia ficción, la fantasía, el terror, me permiten dejar volar la imaginación, que es algo fundamental. Ojo, eso no quiere decir que no consuma obras que en las clasificaciones canónicas se tildan de ensayo, costumbrismo, realismo, historia e incluso geografía o ciencia. Pero si quiero soñar se hace imprescindible el empujón que te da lo “fantástico”.


H - ¿Y de dónde viene Adepto Obscura, tu apodo en redes? 

Ad - Jajajaj, es algo que llama la atención; incluso hay quién ha llegado a bloquearme porque el apodo suena “siniestro”.

Adepto Obscura es un apodo que me puso un amigo a raíz de un juego online de estrategia. Había que organizar un clan con rangos y, como segundo al mando, me tocó ese nombre, que tiene bastante que ver con el universo de Warhammer 40K.
Desde entonces ahí se quedó el apodo.


H - Muchas veces, los artistas gráficos sois los que termináis de dar forma a escenas y personajes en la mente del lector ¿hasta dónde tienes que sumergirte en la historia para poder visualizar lo que has de ilustrar? ¿sueles partir con parámetros previos impuestos por el autor?


Ad - Hasta ahora, aunque siempre hay quien te marca unas condiciones (lo que es totalmente comprensible, ya que se trata de armonizar con el universo y estilo que plantean los autores), he tenido la gran suerte de contar con mucha libertad a la hora de crear. Quizás porque buscan mi estilo concreto o porque conecto bien con las ideas que me plantean. Cuando realizado un trabajo prefiero leer la obra o, si no se puede, algunos fragmentos. Además, tiendo a fusilar al autor con preguntas que me ayudan a meterme en su cabeza, en lo que quiere ver representado y cómo quiere hacerlo.

Me ayuda muchísimo palpar el estilo de escritura; leer y releer las escenas a ilustrar para pillar la atmósfera, la dinámica e imaginar la mejor manera de plasmarla.


H - Mattepaintings, photobashing... muchas de las técnicas que empleas para tus trabajos de ilustrador requieren el uso de fotografías previas ¿Buscas dichas fotografías a partir de una idea sugerida por la obra, las realizas tú mismo, o empleas material que ya tienes para adaptarlo y darle forma según tus necesidades? ¿estas técnicas no requieren más tiempo que otras más tradicionales?


Ad - Normalmente, tras leer y analizar la obra ya tengo una idea clara de lo que quiero y cómo lo quiero. Entonces, tras algunos bocetos (a veces me lanzo directamente), comienzo a buscar fotografías, fragmentos que a veces son una simple farola o una piedra. Yo mismo realizo y uso mis propias fotografías durante el proceso. Otras veces recurro a otras fuentes como lotes de fotografías específicas en las que encontrar los elementos en ángulos y luces adecuados. A veces recurro a kits 3D complejos que incluyo junto a selecciones fotográficas (como es el caso de las portadas de “Auryn” y “Los Tecnoguardianes”, de David Lorén Bielsa).
Auryn - David Lorén Bielsa

Una vez seleccionados los elementos fotográficos, los adapto y doy forma para que la composición sea como debe ser.

En cuanto al tiempo requerido, en los mattepainting se emplea bastante, porque más que una ilustración acabas teniendo una fotografía en la que todos los elementos deben tener la misma calidad, iluminación, tonalidades… Todo debe estar perfectamente integrado para que no se distinga de una fotografía, aunque siempre con un toque que te sacuda la imaginación.
Combate - Maegtal (juego de rol)

En cuanto al photobash, te ahorra muchísimo tiempo porque acabas mezclando la pintura con la fotografía y evitas tener que partir de cero. Tienes toda la composición y coloración hechas y luego solo tienes que pintar y aplicar los efectos necesarios.

Es una técnica que me encanta, no por el hecho de trabajar rápido sino porque aprovechas muy bien las texturas y se produce un efecto irreal brutal.
Sobre las piedras - Maegtal (juego de rol)

H - La imagen mental que tenemos muchos es la de un ilustrador sentado con un lapicero o un rotulador en la mano. Nos cuesta imaginaros delante de un ordenador. ¿Qué se ha ganado y qué se ha perdido con la tecnología? ¿En qué se diferencia un ilustrador de hoy de uno de hace 20 o 30 años?
El hombre de fuego - Maegtal (juego de rol) 

Ad - Mi opinión es muy favorable a las nuevas tecnologías, desde siempre. Ya con la aparición de las cámaras digitales hubo polémica y ahora la hay con la ceración digital de imagen. No quiero sentar cátedra, ni mucho menos. Mi opinión personal, que no tiene por qué ser correcta, es que el PC es un soporte más, que te da la comodidad de no tener que almacenar miles de lienzos, folios, fotografías, rollos de película… Esto ha hecho accesible la creación de arte a muchísimos autores geniales, verdaderos maestros, que por falta de dinero o espacio no hubieran podido dedicarse a ello.

Sacrificio inevitable - Maegtal

En cuestión de escultura, pintura y demás las herramientas que ofrece hoy en día un pc son brutales y, aunque hay quien dice lo contrario, absolutamente naturales.

Existen programas de pintura digital completamente accesibles en los que las pinturas e instrumentos digitales se comportan exactamente como las pinturas e instrumentos reales. Escultóricamente pasa lo mismo, hay programas gratuitos que te permiten modelar exactamente igual que harías con una pella de barro. Incluso tallar materiales. ¿Qué el soporte final es digital? A mi eso me trae sin cuidado. Además, vamos camino de poder disfrutar de unas impresoras (3d y convencionales) que harán posible que las creaciones sean algo absolutamente tangible.

H - Empezaste a darte a conocer tras enviar algunas de tus obras a una convocatoria de relatos que viste en Facebook. ¿Son las redes sociales el escaparate más importante para un artista gráfico hoy en día? ¿el hecho de que haya tanta gente publicando trabajos artísticos en ellas, favorece a los que os dedicáis a la ilustración de forma más profesional o hace que se deprecie vuestra labor?

Ad - Son una manera excelente de darse a conocer. Por supuesto el trabajo lo tiene que hacer uno mismo. La cosa no funciona colgando una foto y ya está.

La ciudad oscura - Jesús Relinque


Por un lado, tienes redes orientadas al escaparate, que funcionan mucho mejor como portafolio que una página web. Instagram es ideal para eso. No se trata de captar seguidores o likes sino de tener las obras organizadas y visibles. Si lo complementas con una página web donde la gente pueda ver esas obras a mayor tamaño y calidad entonces tienes una gran herramienta.

Otras redes como Facebook o Twitter son ideales para los autores y editoriales, pero como ilustrador son el lugar ideal para ir ofreciendo tus trabajos. Muchos escritores, editores, organizadores de certámenes y eventos anuncian sus convocatorias en las redes. En la prensa “seria” es imposible ver esos anuncios y tampoco hay tiempo (ni ganas) para repasar el BOE en busca de convocatorias oficiales.

Que haya mucha gente publicando trabajos artísticos creo que es algo muy positivo. Para empezar, viendo obras de otros artistas, intentas superarte. Además, aprendes, te fijas en los errores, en los aciertos, ves qué soluciones buscan otros artistas a los problemas que surgen con las composiciones, etc. Es una forma de comunicación brutal.

Por supuesto, en las redes hay tantas cosas buenas como mediocres o, directamente, infames: hay que tener paciencia y aprender a usar un cedazo para separar lo que merece la pena de lo que no.
Bruja y Buey - Maegtal (juego de rol)

H - ¿Cómo es el mundillo del ilustrador? Parece cada vez más amplio y diverso ¿hay competencia (sana o insana), entre artistas con técnicas similares?

Ad - Soy un bicho bastante asocial jajaja, y jamás me ha gustado competir. Diversidad hay muchísima, es increíble. Cada día descubro nuevos artistas (nuevos para mí, por supuesto) que me dejan flipando. Creo que la competencia es sana. Muy sana. Por supuesto, aquí entra el tema de guardar tus secretos, algo que pasa desde que el arte es arte (en la cerámica, por ejemplo, la formulación exacta de los esmaltes se guarda con un celo asombroso), pero en general la gente es comunicativa y siempre encuentras a más personas dispuestas a ayudar que a ponerte barreras.

H - ¿De qué trabajo como ilustrador estás más orgulloso? ¿por qué?

La gran serpiente

Ad - Hay varios trabajos que me han sorprendido a mí mismo. Son aquellos en los que he notado un salto cualitativo importante. Entre los Mattepainting el primero en que conseguí (pese a todos sus fallos) lo que buscaba fue La Gran Serpiente, que concebí para mi juego de rol. Este trabajo recibió muy buenas críticas por parte del enorme Carles Marsal, que es de quien aprendí las técnicas necesarias para realizar este tipo de obra.

Entre las ilustraciones “normales” destacaría las que realicé para NEOPIEL, la novela Juan Antonio Oliva Ostos. Fue mi primer enfrentamiento serio para un encargo editorial.
Neopiel - Juan Antonio Oliva Ostos

También destaco la portada de NO MATARÁS, de David P. Yuste, con la que inicié un proceso pictórico diferente a lo que estaba acostumbrado.
No matarás - David P. Yuste

La obra que más satisfacción, por lo compleja y brutal que ha resultado (tiene un tamaño descomunal) es “La Caída del Coloso”, con la que hice la portada de Los Tecnoguardianes, de David Lorén Bielsa.
Los Tecnoguardianes - David Lorén Bielsa

De todos modos, cada obra que he realizado para alguien me ha reportado muchísimo orgullo, porque hasta el momento a todos los autores y editores les han gustado.

H - Háblanos de Maegtal, tu juego de rol. ¿Es esta tu forma de adentrarte también en la creación de historias y guiones? ¿no te has planteado, dada tu creatividad y pasión por el género, escribir literatura?

Ad - Maegtal es un juego de supervivencia brutal. Comencé a gestarlo en el año 93 junto a Joaquín, a quien debo el apodo con quien se me conoce en las redes jaja.

Es un juego con un sistema propio, ambientado en una prehistoria humana irreal, oscura, brutal y terrorífica. Ha pasado por muchos cambios hasta ser como es. Todo el trabajo de desarrollo, redacción, composición y arte es completamente artesanal. Y este trabajo (que en su momento fue rechazado por unas cuantas editoriales, no sin razón), es algo que he querido compartir. Bajo ninguna circunstancia pretendo (ni he pretendido) lucrarme u obtener beneficios por él.


El juego, como he dicho, es brutal. Un juego adulto muy oscuro, no apto para jugadores de esos que juegan con una calculadora en la mano.

Tiene muchísimo de la literatura arcaica, de cantares como Kalevala, Mahabharatta, la epopeya de Gilgamesh y demás, pero llevándolo todo mucho más atrás en el tiempo. Quizás se nota también mi gusto por el terror lovecraftiano.

Hay mucha literatura en el juego, en forma de micro relatos, relatos cortos, poemas… que han pasado una buena criba. No me considero escritor, aunque creo (y aquí mi opinión no vale) que no lo hago mal.

En cuestión de rol, desde que me aficioné siempre he creado cosas. En los 90 fui ganador del primer concurso de juegos de rol organizado por la revista Líder y finalista en el segundo. Publicaba un fanzine y a la mínima estaba haciendo cosas relacionadas.

Si que me he planteado escribir. De hecho, de vez en cuando, plasmo mis paranoias en relatos cortos (algunos no tanto). Principalmente ciencia ficción con un gran toque onírico, con personajes que se ven siempre en soledad o situaciones paradójicas de extrema crueldad. También hay fantasía que es cualquier cosa menos heroica.

H - Parece que lo “friki” está de moda. ¿Crees que el apoyo al fandom es real o pura moda pasajera? ¿Piensas que llegará el día en que se reconozca la calidad y el valor cultural de la literatura de género en España?


Ad - Creo que es totalmente real. Desde que tengo memoria siempre ha existido. Lo que cambian son los gustos, las modas… Pero es como la energía. No pasa, solo se transforma. Cambian los gustos con las generaciones, pero el apoyo al arte visual está ahí.

En España parece que retrocedemos. El academicismo institucional es lo único que vale en la “oficialidad”, y salirse de esos cánones parece que te hunde en la subcultura. Pero si lo piensas, en realidad esos son cuatro (eso sí, parecen arrieros). Salir se saldrá, no queda más remedio porque en el resto de Europa se avanza en otro sentido y al final lo institucional tendrá que admitir que hay arte más allá de La Rendición de Breda y dejará de lado ese pasado rancio.

H - Ahora una pregunta comprometida: ¿es más fácil trabajar para editoriales o para autores independientes? ¿han sido siempre buenas tus experiencias con los escritores?

Ad - He tenido algunos desencuentros, sobre todo al principio, porque en ese momento mi falta de experiencia hacía que el diálogo y la comprensión mutua fuera difícil. Hay que tener en cuenta que los autores/editores hablan un idioma y los artistas otro, y hay que aprender a buscar un lenguaje intermedio con el que entenderse.

Pero si tengo que hacer una valoración global, lo bueno está a millones de años luz de lo malo.

H - De todas las disciplinas artísticas a las que te dedicas, ¿Cuál es la que más te gusta?

Ad - ¡Esta si que es la pregunta comprometida!
No tengo preferencias, aunque echo muchísimo de menos la cerámica. Pero todo el arte me gusta porque me permite expresarme.

H - Recomiéndanos un artista gráfico. Sólo uno/a.

Ad - Alberto Breccia sin lugar a dudas. Su obra Mort Cinder es como una puñalada brutal que se retuerce en las entrañas y no quieres que salga de ahí.

H - ¿Algún consejo para quien sueñe con dedicarse al arte gráfico?

Ad - No tener miedo y ponerse a ello.


Sé que, después de ver algunas de sus ilustraciones, os habéis quedado con ganas de más. Así que:

Para poder seguirle en Instagram, pinchad aquí.

Para visitar su web, aquí.

Y para saber más de Maegtal, su fabuloso juego de rol, aquí.

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Nos olvidamos de hablarnos - Àlex Marín Canals

 


¿Cuántas personas hay en nuestro interior? ¿Cuántos de nosotros conviven en lucha, peleando por salir a cada momento? El yo adulto suele ser el más fuerte, el que sujeta y acalla a los demás. Pero a veces, el niño que fuimos, o el adolescente que aún ansía disfrutar de la vida creyendo secretamente que es inmortal, logran aprovechar los momentos de debilidad de nuestra última versión y consiguen mostrarse al mundo. Y esa personalidad más madura es superior porque tal vez tuvo más tiempo para desarrollarse, porque fue superando las dudas y los miedos de las anteriores. Sabe, o debería saber, abstraerse de sus errores pasados, ganar distancia, y apreciar a aquellas personas (familiares y amigos) que le ayudaron en el camino. 
El tiempo, ese enemigo al que tanto tememos, fue nuestro aliado secreto. Sin él, ¿quién habría puesto orden entre todos aquellos que fuimos y que somos? 

En un futuro cercano la ciencia devuelve la esperanza a Raquel, una madre abnegada cuyo único interés en la vida es el cuidado de Daniel, su hijo preadolescente que, a causa de una meningitis bacteriana, vio truncada toda su vida cuando era pequeño. Un implante en su cerebro puede estimular las zonas dañadas y favorecer la sinapsis. Nadie sabe realmente hasta qué punto puede mejorar, pero la situación de Dan, absolutamente dependiente de su madre y de Albert, su cuidador y único amigo, es tan desesperada que se hace inevitable correr riesgos. 

La novela arranca el mismo día de la operación. Raquel nos cuenta en primera persona toda su historia. Hace que sintamos que nos habla directamente, aunque tal vez no sea así. Nos describe su universo, nos explica como se vio sola poco después de la concepción de Dan, como dos sílabas y algunos gestos son suficientes para comunicarse cuando hay amor, y como pueden desarrollarse sentimientos contradictorios incluso hacia el más acérrimo de los aliados. Pero también nos habla de sus temores ante la posibilidad de perder a su pequeño, tanto si la operación fracasa como si no lo hace y su hijo, ese bebé que habita un cuerpo ya enorme y que no puede manejar, comenzase a verla con otros ojos y a juzgarla por sus errores. 

Al iniciar la lectura de esta obra es inevitable no intentar establecer paralelismos con Flores para Algernon de Daniel Keyes (y de un modo más impreciso con La velocidad de la oscuridad de Elizabeth Moon), pero Àlex Marín Canals se desmarca rápidamente con una trama original e intimista que incide, tanto en los procesos internos de la madre ante los cambios y situaciones que debe enfrentar, como en los del hijo que, conservando recuerdos de su vida y sentimientos cuando se encontraba en un estado semi-vegetativo, se descubre de pronto a sí mismo con unas capacidades intelectuales que exceden las de la media  y sin los recursos emocionales necesarios para manejar la situación. 

La forma en que el autor consigue desatar todo un torrente de sentimientos que confluyen amenazando con arrasar a sus personajes (el amor, la pasión, la ira, la soberbia, el miedo, la nostalgia, el arrepentimiento, la venganza...), y provoca a su vez reacciones en el lector que no puede evitar pasar de la esperanza a la decepción, la angustia, la indignación o la lástima por momentos, es magistral. Y la sutil utilización del lenguaje como un marcador de la distancia en las relaciones materno-filiales, fabulosa. 

Esta historia, ganadora del III Premio de Novela de Ciencia ficción Ciudad del Conocimiento, debe ser leída por todo el mundo. La sociedad descrita es tan reconocible que nadie se sentirá descolocado ante los avances científicos que se muestran y cada una de sus páginas desprende humanidad. Hacedlo y descubriréis que no hay lenguaje más perfecto que el de los sentimientos. Pero cuando lo hagáis, dejad que os acompañen el niño y el adolescente que alguna ved fuisteis.

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Endo - Francisco Jota-Pérez



La literatura es como nuestra sociedad, una realidad cíclica en la que todo está ordenado y amoldado según el dictamen de unos pocos. Una rueda que gira y gira, repitiendo criterios, arquetipos, argumentos, aciertos y fracasos. 

Un mundo en el que todas las piezas rotan de la misma forma, engranando unas con otras, repitiendo etapas continuamente, está condenado a la podredumbre. Así que, para sacudir a un universo que creemos único e inalterable, para aportar savia nueva y forzar un reinicio con la esperanza de algo mejor, es necesario un elemento disruptor. Alguien que altere la armonía y desvele la verdadera naturaleza de quienes se ocultan bajo la máscara de la cotidianeidad. 
El desconocido inesperado es ese elemento. Un ser atemporal que irrumpe en una Vilanova i la Geltrú entre histórica y mitológica, acosando, hostigando, y forzando la eclosión de la auténtica esencia de doce seres aparentemente ordinarios que encarnan cada signo del zodiaco. Esa entidad portadora del caos es, al mismo tiempo, algo terrible y necesario, extraño e intrínseco, real e irreal. 

Francisco Jota-Pérez ha decidido sacudir al lector con su literatura experimental y no apta para cualquier perfil. Imprimir en su retina imágenes oníricas y trasgresoras que sacan a la superficie toda la purulencia soterrada, al igual que un exorcista extrae los demonios de la carne. Pero esta obra, catalogada como zodiaco psicodélico por su propia editorial, delata que su autor es otro ser disruptor, decidido a alterar el pacífico devenir cíclico del mundo literario y obligarnos a reconocer, de una forma contundente, que la creación narrativa no tiene que sujetarse siempre a los mismos parámetros, que no puede ni debe tener límites o ataduras impuestas por el mercado, la crítica, ni la realidad histórica o social. 
Su escritura es críptica, reta al lector con cada frase. No se lo pone fácil, pero, por otro lado, le seduce y le atrapa con un inagotable despliegue de imágenes impactantes que a veces se muestran sin la excusa de un contexto prefabricado. Juega con el lenguaje, con los términos que emplea volviendo sobre ellos, precisando o ampliando lo narrado, confundiéndonos y haciéndonos dudar sobre si lo que estamos leyendo son sus divagaciones o parte de la trama, sacándonos de ella y dejándonos en un estado ingrávido para, poco después, agarrarnos y volvernos a sumergir en la obra. 

Endo no es una novela que se pueda recomendar a cualquiera. Es estimulante pero exigente. Es desconcertante y metafísica. Amenaza con destruir lo circular sin llegar a ser lineal. Por tanto, no os acerquéis a ella si no estáis dispuestos a ser lanzados al caos de lo imprevisible.

Entrevista: Estela Melero Bermejo

 


Estela Melero derrocha pasión. No concibe la literatura si no es cómo un catalizador de sentimientos. Autodidacta, trabajadora infatigable, en poco más de un año ha publicado dos novelas ambientadas en la Guerra Civil y la posguerra, con las que siente que ha cerrado un ciclo propio. Tiene las ideas claras y es humilde. Sabe que le queda mucho por aprender, pero también es consciente de sus logros. En esta entrevista nos habla del camino recorrido, de su amor por la historia, por las letras, y por quienes están a su lado. ¡Y, además, nos da una primicia!



H - En tu blog dices algo que me encanta: “Porque no sé vivir sin escribir, ni escribir sin vivir. ¿Empezó todo con Tierra sobre la memoria

E - Mi padre siempre ha leído mucho en casa. Cuando era una niña me gustaba mucho leer, y ya escribía cuentos para mis hermanas pequeñas. De adolescente fue una vía de escape para esos sentimientos que se quedan enjaulados por la vergüenza o el miedo a liberarlos. En el instituto gané un premio por una adaptación de la obra de teatro Bodas de sangre. Pero aunque siempre quise ser escritora, no sabía escribir un libro, no encontraba la manera de hacerlo. Con la madurez he entendido la forma de afrontarlo, es un trabajo, un ejercicio del que disfruto muchísimo, pero que hay que realizar con seriedad y constancia.


H - ¿Por qué la Guerra Civil para tu primera novela? Es un marco que produce vértigo a muchos autores consagrados.

E - Recuerdo que en una de nuestras primeras conversaciones me preguntaste sobre el tema de la novela. Quise relatar la juventud de mi iaia en el pueblo de Cuenca, su vida ahí, las costumbres… ella vivió la posguerra siendo muy joven, y aunque en nuestro pueblo no fue tan dura como en otros lugares, por supuesto sufrieron las penurias que eran comunes a todas las regiones de España. Cuando empecé a documentarme, no podía parar. Me llama la atención el desconocimiento que hay muchas veces en torno a este tema. 

H - Volviendo sobre la primera pregunta, doy fe de que no sabes escribir sin vivir: tu mayor virtud como autora es una capacidad innata transmitir sentimientos y sensaciones para dar vida a tus personajes. Sin embargo, Indómita Aurora es muy superior técnicamente a tu anterior trabajo. ¿Eres consciente de tus propios avances? ¿Cuál es tu meta? 

E - Sé que me queda mucho por aprender, creo que he encontrado mi camino, lo que quiero, y que tengo que trabajar duro para hacerlo lo mejor que se pueda. Mientras escribía Indómita Aurora me daba cuenta de la diferencia, pero cuando me percaté realmente de lo que había madurado en cuanto a la escritura, fue al releer Tierra sobre la memoria unos meses después de terminar de escribir la secuela. 

H - Parece que has encontrado tu sitio en el mundo de los autores independientes. De hecho, cada vez eres más reconocida entre ell@s e incluso tratas, a través de tu blog, de aconsejar y ayudar a quienes vienen detrás evitándoles los errores en los que tu caíste. ¿Crees que ese es el lugar en el que debes estar? ¿Contemplas, o has contemplado la opción de publicar en una editorial tradicional? 

E - Estoy contenta con la autoedición. Soy una persona a la que le gustan los retos, pero que se acomoda fácilmente cuando conoce los entresijos de lo explorado. 

Creo que cualquier escritora que se precie estaría encantada de que una editorial llamara a su puerta, pero gracias a las conversaciones que mantengo con compañeros, creo que hay que tener mucho cuidado, porque por desgracia el mundo editorial tiene trampas en algunos casos que desvirtúan la labor de las editoriales. Y en resumen, cuando tú sabes lo que quieres, cómo lo quieres, y lo tienes hecho, no sé para qué necesitas un intermediario. 

H - Sin embargo, para tu segunda obra has optado por trabajar con Letrame. ¿Qué carencias buscabas suplir al decantarte por ellos esta vez? ¿Han cumplido tus expectativas? ¿El proceso fue como lo habías imaginado?

E - Buscaba ayuda profesional, y la he tenido, pese a que el proceso ha sido más costoso de lo que esperaba, en parte creo que debido a mi nivel de exigencia. 

También quería tener más visibilidad. Ellos te ayudan mucho con el marketing. Lamentablemente, por la situación que vivimos, no he podido ir a feria del libro donde ellos tienen caseta, y las presentaciones son más complicadas. Aunque te tengo que contar que ya tengo fechas: 

Jueves 5 de noviembre a las 19h para presentación en Fnac San Agustín 

Viernes 13 de noviembre a partir de las 17h para firma en Fnac Bonaire



H - ¡Pues muchas gracias por la primicia! ¡Enhorabuena! Cualquier presentación o evento literario estos días es aún más valioso que nunca, y realmente nos hacen falta.

Aunque tus novelas navegan entre géneros, son mayormente históricas. Sin embargo, una gran parte de tus lectoras son amantes de la literatura romántica. ¿Te sientes presionada por este hecho de cara a tu próxima obra? ¿Has encontrado ya tu estilo y tu marco literario o tienes pensado explorar otras temáticas? 

E - Yo no leo literatura romántica normalmente, pero entiendo que mi novela empezó como tal. Los personajes y las condiciones de la época que trataba me llevaron por otro camino, aunque soy muy consciente de que una gran parte de mis lectores son afines a este tipo de obras. De hecho, en Indómita Aurora me alejé un poco más de este género, pero sigue teniendo notas que la podrían encasillar como novela histórica romántica. 

Me gusta mucho dejarme llevar por los personajes, por la historia. Planifico algunas cosas pero sigo el camino por el que me llevan las letras, así que pienso que mejor no encasillarme en ningún género, aunque me siento realmente cómoda con la novela histórica. Me encanta cuadrar una historia ficticia con hechos que ocurrieron realmente. 

He decidido que mi próxima novela sea un thriller, porque a mí me gusta este género, pero sé que tengo que aprender mucho aún. 

H - ¿Por qué era necesario continuar o ampliar la historia de Tierra sobre la memoria? ¿Cierra Indómita Aurora un ciclo? ¿Cómo planificaste esta segunda obra para que todo encajase de una forma tan natural con la primera? 

E - Como lectora necesitaba más. La novela podría haber tenido perfectamente 500 páginas. Pero es cierto que soy impaciente, y que cuando creo que ya he contado lo que quería, paro. Sin embargo necesitaba cerrar un ciclo, como bien dices. Cicatrizar. Contar qué pasó después de todo aquello, durante la Transición. 

Creo que lo más complejo fue cuadrar ambas novelas. Fue un trabajo duro porque el fin era que se pudiera leer de forma independiente, o incluso si ya habías leído la anterior, no tener que releerla adrede. Por otro lado no quería que fuera muy repetitiva porque soy consciente de que va a haber gente que se la va a leer a continuación. Estoy contenta con el resultado. En la lectura conjunta de Tierra sobre la memoria en la que participé, surgieron preguntas y temas que se resolvían en Indómita Aurora. Y me gustó saber que había cumplido mi objetivo. 



H - Dices que no terminaste la carrera de Filología hispánica por rebeldía. ¿Es la misma rebeldía que imprimes a tus personajes femeninos? ¿A ti te benefició o te perjudicó? ¿Es necesaria? ¿Es inevitable? 

E - Qué buena pregunta. De hecho muchas veces al teclear Indómita Aurora confundo la primera R con la T, y escribo Indómita Autora. Y pienso. Pienso mucho. 

Ser rebelde me ha dado voluntad para hacer el esfuerzo por las cosas que he deseado, y la oportunidad de ganar o equivocarme. Creo que es completamente inevitable. No se puede luchar contra la forma de ser. Se puede aprender a enfocarla hacia las cosas buenas, y aplicar los conocimientos adquiridos para errar menos y obtener más éxitos.  

Mis personajes femeninos cobran fuerza sobre el papel. En ninguna de las dos novelas se trataba de que ellas fueran las protagonistas, pero cogieron las riendas. Siempre digo que Irene me tomó de la mano y me enseñó todo por lo que había tenido que pasar. Y yo solo la seguí humildemente. Las mujeres que me rodean son valientes, y no creo que Irene y Aurora sean reflejo de mi personalidad, sino de la fuerza y determinación de las mujeres que conozco. 

H - En tus obras los personajes masculinos cuentan con menor peso argumental. ¿Crees que en la historia no escrita fue también así? ¿Cómo ves el futuro en ese aspecto? 

E - Creo que tuvieron mucho peso, pero que ellas se quedaron solas en una época en la que el hombre tenía todos los derechos. Ellos tenían públicamente el reconocimiento, la potestad, la voz. Ellas no eran nada a la vista de los demás. Pero sacaron adelante sus hogares solas, y sin medios. 

Cuando escribo sobre mis personajes masculinos, escribo lo que veo que hicieron. Y eran valientes, lucharon en el frente, algunos fueron grandes dirigentes… pero no puedo evitar poner la fuerza en quien creo que la tuvo por encima de todo. 

En cuanto al futuro, pienso que puede cambiar. Veo que hombres y mujeres somos muy distintos y que posiblemente así estemos hechos por alguna razón. Pero creo que la educación y la información que todos tenemos ahora a nuestro alcance puede modificar las cosas. 

H - Tus novelas pueden gustar o no, pero creo que nadie puede negar que, para escribirlas, te has documentado exhaustivamente. Sumergirte tan profundamente en aquellos años tan importantes de nuestra historia te habrá hecho establecer paralelismos con la actualidad que estamos viviendo: son tiempos de extrema polarización y los partidos que parecen añorar aquellos años de dictadura cobran cada vez más fuerza. ¿crees que la historia puede repetirse? ¿tienes claro qué se hizo mal entonces y qué estamos haciendo mal ahora? ¿Crees que algún día España logrará cerrar sus heridas? 

E - Pienso que tenemos la suerte de no haber tenido que vivir una situación tan extrema, que parece que no valoremos lo que tenemos. Estoy totalmente de acuerdo contigo en que parece que caminemos hacia el desastre, y sigo pensando que es por falta de información sobre ese tema. Nadie puede desear eso realmente, y si lo desea es porque se ve del lado de los todopoderosos, cosa que nadie te garantiza. Son dos versiones de un mismo error. 

Pienso que es muy difícil cerrar una herida sobre la que se ha echado tierra, porque hay mucha gente que sigue sufriendo por ello. 

Si me preguntas sobre cómo solucionarlo te diré que no es fácil, pero que hay que cicatrizar, hay que perdonar, y hay que avanzar. En ambos sentidos. Porque si no lo hacemos, obviamente volverá a pasar. 

H - Tocando un tema tan espinoso es muy complicado no posicionarse. De hecho, yo pienso que hay que hacerlo. Sin embargo, muchos lectores no son capaces de separar la ideología de la literatura, y aunque tu tratas de exponer que errores y crueldades hubo en los dos bandos, seguramente habrás sufrido críticas o ataques. ¿En esta aventura has perdido amigos o los has ganado? ¿Cambiarías algún pasaje de tus novelas por este motivo? 



E - He tenido mucha suerte. Es evidente que me posiciono, y más después de haberme documentado debidamente. Mi intención fue no hacerlo, pero resultó inevitable. No me ha leído mucha gente que no sea afín a la postura adoptada en la novela. Pero es verdad que he dado con varias personas, que no pensaban igual, y con las que he tenido el placer de hablar o discutir sobre el tema, y a las que he dejado claro que la postura era muy distinta. Y hemos quedado muy bien, no he sufrido ataques ni he perdido amigos. Son dos caras de una misma moneda. Si tratas con respeto a alguien, y recibes lo mismo, no tiene porqué ser de otra forma. 

H - Creo que una de tus mayores motivaciones a la hora de escribir es el amor. No sólo carnal o pasional como el que sienten Irene y Aurora hacia sus respectivos compañeros, sino también el que tu sientes hacia las calles y campos que ellas pisan; después de Tierra sobre la memoria todos necesitamos ir hasta ese pueblecito manchego con su plaza y su molino, y la primera vez que he disfrutado las calles de Valencia y he vivido las Fallas ha sido al leer Indómita Aurora. ¿Te sientes capacitada para escribir sobre lugares que no ames o que no conozcas? ¿Concibes un tipo de literatura que esté basado en el punto contrario (el odio, el rencor hacia algo o alguien)? 

E - Necesito la motivación de la que hablas para escribir. Necesito pasión, ya sea amor u odio. 

En cuanto al amor carnal, y en cuánto a las localizaciones… creo que no lo podría hacer de otra manera. Necesito sentir amor para transmitirlo. 

Sí creo que podría partir del odio o rencor hacia alguien para crear una obra literaria o parte de ella. Como bien dices, lo que me mueve es la pasión… de hecho en las novelas también se aborda ese tema (piensa en Nicolás, por ejemplo, o en don Raimundo), el odio es pasión también. 

H - Instagram es la punta de lanza para la promoción de tus obras. Hace aproximadamente un año contabas con menos de 100 seguidores y ahora estás cerca de los 3000. Tu actividad para lograrlo se ha multiplicado considerablemente en relación con tus inicios literarios, y a través de tus publicaciones nos dejas ver algo de tu día a día ¿Han alterado las redes sociales tu vida personal? ¿Ven tus hijos y tu pareja a alguien diferente desde que escribes? 

E - Mi hijo pequeño me adora y admira. Y quiere ser escritor entre un millón de cosas. Mi hija a veces me riñe… pero es que yo soy yo. Y Raúl aguanta pacientemente, porque claro que es raro, jajaja. Le dedico tiempo, a veces más del que quisiera y menos del necesario. No siempre surge una conversación por redes en el momento ni lugar adecuados, y como me lo tomo en serio y quiero atender a todo, a veces es complicado. 

H - ¿Qué es lo que más disfrutas de interactuar con tus lectoras/es? 

E - Que te digan lo que han sentido. Que te digan qué les gusta, lo que cambiarían (aunque se me clave como una daga). 

H - ¿Qué puedes decirnos de tu próxima novela? 

E - Que tengo ganas de escribir, pero necesito un descanso. Voy a hacer un curso de escritura creativa y reunir toda la información necesaria para realizar un buen trabajo. Me pondré a escribir cuándo esté lista. 

H - Recomiéndanos un autor o autora. Sólo uno/a. 

E - Esta pregunta es la que más me cuesta responder. Porque te podría recomendar escritores que no necesitan recomendación, y otros a los que eso es lo único que les falta para volar, que alguien les señale y les haga subir. Te voy a nombrar a nuestra querida Rosa Sanmartín. Su última novela me puso del revés y me hizo elevarme después. 

H - ¿Algún consejo para quien sueñe con convertirse en escritor/a? 

E - Si quieres ser escritor, tienes que serlo. Tienes que escribir, aprender, soñar, vivir. Y trabajar. Puedes llegar a estar 12 horas escribiendo. Si no estás dispuesto, no lo hagas. Nadie dijo que fuera fácil.


Si no conocías a esta autora y te has quedado con ganas de más, puedes (debes) seguir sus publicaciones en Instagram pinchando aquí.

Y si acabas de comenzar en el mundo de la auto-publicación, no dejes de pasarte por su blog pinchando aquí.

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