El pasado es un cazador paciente - Laura S. Maquilón


Imagina un futuro en el que, décadas después de un conflicto armado, se han agotado todo tipo recursos; no hay combustibles fósiles, el agua es racionada, la gente se alimenta principalmente de insectos, y las diferencias sociales son mayores que nunca. En un contexto así, duro y cruel, los ricos y poderosos tendrían al alcance cualquier cosa, y los más pobres, los herederos de los derrotados, los desposeídos, nada. ¿Te cuesta creerlo? ¿No puedes imaginar un escenario como ese, o es que tal vez piensas que hay cosas que nunca le podrán ser arrebatadas a una persona? ¿Piensas, por ejemplo, que jamás podrían robarles los sueños? 

Marina es una mujer de esa España apocalíptica que trata de buscarse la vida, de mantenerse en un delicado equilibrio que le separa de los más desfavorecidos. Su profesión no es ética ni honrada. No está orgullosa de ella, pero cuando la supervivencia no es un derecho, la moral desaparece. Ella roba sueños. Y lo hace por dinero, para vendérselos a quien pueda pagarlos. Aquellos que sean capaces de permitírselo tendrán el impulso necesario para lograr cualquier cosa, el deseo suficiente, la ilusión, las ganas... sólo tienen que quitárselo a otra persona. 

Cuando un encargo le lleva de vuelta a Cobertera, su pueblo natal, piensa que podrá con ello, que no le afectará. Sin embargo, un imprevisto le hace enfrentarse a su pasado, a su decisión de marcharse sin mirar atrás, y a hacer balance de toda su vida. 

Laura S. Maquilón sabía perfectamente, al escribir esta novela corta, qué contar y cómo hacerlo. A pesar de ser una historia repleta de acción contiene múltiples cargas de profundidad, tanto en su ambientación como en su personaje protagonista. No nos describe a Marina, no es necesario. Da igual si es guapa o no, si es rubia o morena, alta o baja. Sabemos que es fuerte, pues nos la va mostrando como una superviviente nata capaz de cualquier cosa por seguir adelante, pero no mala ni insensible; por momentos su interior se resquebraja y amenaza con romperla mil pedazos. 
Las descripciones del pueblo nos hacen pensar que, para los menos afortunados, el tiempo se detuvo hace mucho. Siempre tendrán los mismos tejados, las mismas puertas, las mismas carencias... Y las menciones al conflicto de siete décadas atrás hacen también inevitable recordar una espantosa Guerra Civil, la nuestra, pero también cualquier otra en la que los descendientes de los perdedores siempre llorarán a la espera de algo de justicia para unos muertos cuyos cuerpos nunca se encontraron. 

Con el equilibrio perfecto entre ritmo y tensión dramática, creando imágenes impactantes (a veces desagradables), en la retina del lector a fin de describir sentimientos, la autora ha elaborado una historia difícil de olvidar con una protagonista atormentada por su propia conciencia, que no puede dejar indiferente a nadie. Además, el libro se completa con el relato Cazadora de sueños que se publicó previamente en la web Libros Prohibidos y que cierra maravillosamente la historia. 

No lo dudéis, adentraos en este futuro en el que todo (agua, órganos humanos, sueños...), tiene un precio. Ayudad a Marina, os necesita. Acaba de descubrir que El pasado es un cazador paciente.

Stoner - John Williams

Es fácil admirar a un hombre por sus hechos, por la huella indeleble que deje en la historia o por su legado. Nos enamora la épica de los combates desesperados, aquellos que, aunque acaben con la vida del personaje, nos hagan desear ser él. Sin embargo, es difícil detenerse y apreciar a quien no hace ruido, a quien no deja nada y cuya vida puede interpretarse como insulsa u ordinaria. Tal vez, ese ser discreto pueda representar todo un ejemplo de lucha (contra sí mismo o contra los demás), de honestidad y de pasión; alguien capaz de enfrentarse a su entorno laboral por defender los ideales de su vocación (en este caso la enseñanza), y de no defender sus propios deseos o necesidades por no dañar a su familia, aun siendo consciente de su error. Stoner es ese hombre. 

Sin embargo, el causante de que el lector se sumerja en esta narración hipnótica y sea incapaz de soltarla, de que se enoje con su protagonista o se compadezca de él, de que odie a quien le dañó y ame a quien le dio su cariño o su amistad, es John Williams. Este autor, con una prosa sobria, elegante, efectiva, y unas descripciones físicas casi casuales que apuntalan la personalidad de cada personaje, logra transmitir una historia que es vivida en primera persona y, después de despertar muchos sentimientos encontrados, obliga a hacer balance sobre lo fútil de nuestra existencia, y a asumir en paz la derrota que acompaña siempre a la muerte. Una paz alcanzada gracias un último tercio de la novela cuya emotividad es difícil de igualar. 

El texto comienza cuando el protagonista ya ha muerto y un narrador omnisciente advierte que leeremos sobre alguien sin importancia. Sin embargo, en muy pocas líneas nos atrapará un granjero que, sin proponérselo, llegó a la universidad donde descubrió su amor por la literatura. A partir de ahí, siguiendo los pasos que casi todo el mundo sigue, decide casarse, tener una casa y conformarse con su carrera académica sin necesidad de medrar. Crea un entorno que a otros podría parecerles anodino u opresivo pasados unos años, pero que para él es necesario a fin de poder sumirse en su mundo interior y vivir su pasión por las letras. Pero que nadie se lleve a error, Stoner no es un hombre frío; tarde o temprano otro amor hará que ruja, que todo tiemble, que se lamente y que desee haber hecho las cosas de otra forma. 

Esta historia tan magníficamente construida no deja indiferente a nadie, y obliga a cuestionarse la importancia de las cosas. Nos enfrenta a la complejidad de las relaciones humanas tanto laborales como sentimentales y nos recuerda que los seres infelices generan infelicidad, y que ni siquiera aquellos que se dedican a enseñar, a formar personas, están libres de rencillas y crueles venganzas. Pero también, que siempre hay alguien al lado dispuesto a apoyarte y que algunos amores merecen ser vividos, lleguen cuando lleguen. 

¿Aún crees que la vida de un hombre ordinario, no puede ser inspiradora?

Fractal - José Antonio Cotrina


Es estimulante, puede que aterrador, pensar en la infinidad de posibilidades que ofrece la hipótesis de universos paralelos. Imaginar otros hombres y mujeres, semejantes a los que ahora conocemos, viviendo vidas parecidas con pequeñas variaciones. O todo lo contrario, sociedades divergentes a partir de un evento histórico que, habiendo sucedido de diferente forma, determine un presente y un futuro totalmente distintos. Las opciones son infinitas, pero ¿y si esos mundos comenzasen a colapsar? ¿Y si fuesen colisionando unos con otros, contaminándose, aniquilándose? 
Cuando los truenos anuncien el fin de tu realidad ¿sería lícito aniquilar un planeta entero con la esperanza de salvar a otro? ¿Sería ético rescatar sólo a los seres más valiosos para la ciencia, la cultura, o el arte? y de poder escapar, ¿cuál sería para ti el mejor de los mundos posibles? 

José Antonio Cotrina es uno de los mejores y más premiados escritores de ciencia ficción de este país. Con obras como Amanecer, Mala racha, Salir de fase o Luna de locos, todas adictivas, emocionantes y tremendamente estimulantes a nivel intelectual, se ha convertido en un autor cuyas obras se esperan con ansiedad y, para su perjuicio, con muy altas expectativas. 
Fractal, novela corta finalista del Certamen Literario Alberto Magno 2015 que permanecía inédita hasta que recientemente pudo ver la luz gracias al auge de la autoedición, no ha sido una excepción. Sin embargo, tal vez se trate de una de sus narraciones peor comprendidas generando cierta insatisfacción entre algunos de sus seguidores. 

Esta obra no ofrece respuestas ni nada a lo que aferrarse. Simplemente abre una mirilla a cuatro escenarios situados en mundos alternativos al filo de la destrucción. Historias cargadas de tensión y adrenalina a las que el lector debe subirse como a vagones en marcha entre los cuales deberá ir saltando continuamente. Durante nueve capítulos, ordenados del uno al cinco y del cinco al uno, todos buscando una continuación en su simétrico, habrá que desplazarse entre un Londres alternativo al que conocemos, una sociedad de cultura totalmente egipcia con su propio calendario y orden social, una estación orbital que trata de acotar lo ilimitable, y un mundo focal donde se intenta luchar contra la mayor de las tormentas fractales imaginables. 

Cuando los truenos estallen como temibles latigazos y la desesperación empiece a invadir el ánimo de la gente, una serie de personajes de todo tipo se enfrentarán a su destino. Algunos intentarán sobrevivir a cualquier precio, otros salvar a sus semejantes, algunos preservar la cultura y el saber. En esos momentos el valor, la integridad y el sentido común serán las virtudes más valiosas; esos dones servirán a Alba y Román, a Amenmesse y Neferet, y al profesor Lore y Darla a enfrentarse a su destino, y les permitirán aferrarse a sus historias de amor como única defensa frente unas leyes físicas que nunca comprenderán. 

En este relato Cotrina vuelve a deslumbrar con su imaginación y su estilo inmersivo. Pero esta vez, aunque nos permita vislumbrar las entrañas del universo en una carrera contra el tiempo, y luchar por causas dignas y honorables, no nos dará un final que nos guste. No puede hacerlo. Ninguna realidad es única. Aunque gracias a eso, podrás elegir el que desees.

Matar a un ruiseñor - Harper Lee


Los niños y los adultos viven realidades diferentes. Tal vez, la forma en que los pequeños ven el mundo que les rodea sea parcial, sesgada, influenciada por su entorno y sus progenitores. Tardan en comprender los matices y las implicaciones de cada acción. Su aprendizaje es lento y está condicionado por sus propias experiencias vitales. Puede que, por eso, la mayoría no entiendan cómo se puede obrar mal a sabiendas, cómo los adultos sólo encuentran motivos para hacer lo incorrecto. El tiempo les enseñará, tarde o temprano, que los prejuicios, la tradición y el miedo pueden pesar más que la razón o la justicia más elemental. 

La novela se ambienta en Maycomb, un pequeño pueblo de Alabama, en la década de los 30. En una comunidad tan pequeña y cerrada como esa, partidaria de la segregación racial, donde todos se conocían y sufrían en mayor o menor medida las dificultades económicas derivadas de la Gran Depresión, el miedo a un estallido de violencia proveniente de la comunidad negra estaba cada vez más presente, aumentando la radicalización de la población.

Scout, una niña de 6 años, y su hermano mayor Jem no son conscientes de todo esto. Su universo se reduce a los juegos, la escuela y una creciente obsesión por Boo Radley, un misterioso vecino que apenas sale de casa y del que se cuentan leyendas de todo tipo. Su padre, el viudo Atticus Finch, abogado inteligente y de gran corazón acostumbrado a nadar contracorriente, trata de criarles libres de prejuicios y rencores con la ayuda de Calpurnia, la sirvienta de color que se comporta como una madre con ellos, y de la tía Alexandra, una mujer devota a su familia y anclada irracionalmente en la tradición. Cuando a Atticus le encargan la defensa de Tom Robinson, un afroamericano acusado de violar a una mujer blanca, el apacible mundo de los niños comienza a desmoronarse. 

Harper Lee ganó el Premio Pulitzer en 1961 con esta obra que ha pasado a la historia de la literatura norteamericana con total merecimiento. La autora no sólo creó unos personajes memorables, sino que se sirvió de ellos para retratar excepcionalmente lo mejor y lo peor de aquella sociedad. Durante los 3 años en que se desarrolla la trama, el lector será niña con Scout y se hará preguntas que, a pesar de dibujar una sonrisa en él, le harán reflexionar. También adolescente a través de Jem; noble, combativo y con dificultades para tolerar la injusticia. Y sobre todo, soñará con ser Atticus, y poseer unos valores inquebrantables basados en la comprensión, el amor, la solidaridad, la tolerancia y el perdón. 

Esta novela se centra en la visión de una niña, pero no es infantil. Hay un juez, un jurado y un acusado, pero no es un drama judicial. Hay víctimas y es descorazonadora por momentos, pero no es triste. Esta historia es parte de la formación que todos necesitamos; con ella aprenderemos que hay personas que son como los ruiseñores; y que hay que pelear contra todo, si es necesario, para evitar que maten a un ruiseñor.

Satanás - Mario Mendoza


“Tenemos una divinidad bicéfala, de dos rostros. […] Somos el experimento de Dios cuya malevolencia y vileza se llama Satanás” 

El bien y el mal. No son simples e imprecisos conceptos opuestos, ni meras ideas procedentes de la ética o la religión. Sólo si observamos atentamente podemos descubrir la virtud, la bondad, el equilibrio. Pero lo negativo suele manifestarse por sí solo, emponzoñando el ambiente, asqueando a los hombres o arrastrándolos a cometer atrocidades. La figura de Satanás ha sido, para los creyentes, la excusa perfecta con que calmar sus conciencias y externalizar algo que, tal vez, llevemos todos dentro. Se trata de elegir la opción que más nos satisfaga: verlo como una esencia perniciosa que nos rodea, amenaza y tienta, o como una parte de nosotros mismos que intentamos anular con mayor o menos éxito. Mario Mendoza lo observó de cerca, pero no eligió; vio los ojos del Ángel Caído, sí, pero estaban en nuestro interior. 

Inspirándose en unos hechos acaecidos en Bogotá en 1986, el autor imagina el que pudo ser el mundo interior de un asesino (Campo Elías Delgado), y le procura unos compañeros luminosos, aunque atormentados por la culpa; seres relacionados entre sí que tratan de reconducir sus vidas dejando atrás los pecados que cometieron y que sienten pesados como el plomo. 

Mezclando la cotidianeidad más cruda con el elemento fantástico, Mendoza nos habla de Andrés, un pintor fascinado por las obras de arte más perturbadoras de la historia, y que tiene el don de ver la enfermedad que acabará con los que le rodean. También de Ernesto, un sacerdote incapaz de contener sus deseos sexuales, y que parece ser el objetivo principal de un Satán que se divierte atormentándole  al cruzar en su camino personas poseídas por seres demoníacos. Y sobre todo de María, una mujer virtuosa que, superada por un entorno hostil y deshumanizado, se deja seducir por una salida rápida, traspasando inadvertidamente la línea que separa lo correcto y lo incorrecto. 

La mayoría no se cuestionan la esencia del mal. Incluso el religioso duda de su fe a causa de la oscuridad que le rodea. Tan solo Elías, ex-militar que se gana la vida como profesor de inglés, cree advertir, debido a su obsesión con la novela “el extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”, que la maldad también es parte de nosotros (como Lucifer es parte de Dios). 

Con una prosa ágil y carente de localismos que dificulten la lectura, Mendoza nos muestra un país en el que la violencia y la falta de educación son habituales, y donde cada uno debe librar su propia guerra al no percibirse la seguridad de un estado protector. No lo dudéis, si queréis leer una obra actual, amena, que juega constantemente a mezclar conceptos como el bien, el mal y la lucha de clases, a relacionar la degradación social con las posesiones demoníacas, a humanizar a los asesinos y desmitificar a algunas víctimas, esta es vuestra novela. ¡Os entretendrá y os agitará!

"Satanás no es más que una palabra con la que nombramos la crueldad de Dios"

El silencio de las estrellas - Miguel Ángel Pérez Oca


Somos impacientes. Nos parece que llevamos demasiado tiempo mirando a las estrellas, buscando el anhelado y temido “primer contacto”. Hacemos mucho ruido y el silencio que obtenemos como respuesta nos resulta atronador. ¿Hemos perdido la fe? Tal vez sea menos frustrante no elevar tanto la mirada y centrarnos en nuestros “intereses” más materiales. Adormezcamos al explorador que un día fuimos hasta que algo nos despierte. Descansemos, dejémonos llevar lentamente a nuestro propio final, haciendo dinero, agotando nuestros recursos. 
Hasta que nos mientan, nos hagan creer en el milagro y despertemos. 

Este es, en esencia, el punto de partida de ‘el silencio de las estrellas’, una novela corta de corte clásico al más puro estilo de Arthur C. Clarke y que obtuvo el I Premio de Novela de Ciencia Ficción Ciudad del Conocimiento en 2017. Si os resulta creíble, si no dudáis de que una prueba de la existencia de vida extraterrestre (aunque sea falsa), podría impulsar la colaboración científica y llevar al ser humano hasta otros soles, preparaos para un viaje de más de 1400 años. Lo pasaréis en grande. 

Con prosa ágil e incuestionable dominio de una terminología científica (expuesta en su justa medida y sin apabullar a los lectores menos versados en el género), Miguel Ángel Pérez Oca teje una aventura que funciona, inadvertidamente, como vehículo para la reflexión sobre temas para los que no hay una sola respuesta: la soledad, la muerte, el precio de nuestras ambiciones, la posibilidad de un nuevo salto evolutivo o el destino que nos aguarda como especie... e incluso plantea alguna cuestión nueva como ¿tienen todos los seres inteligentes un destino común? 

Las 140 páginas que componen la obra no permiten profundizar demasiado en la personalidad de los personajes, y el autor se limita a suministrar la información necesaria sobre ellos para que cada uno de sus actos tenga sentido. Al fin y al cabo, aunque parezca lo contrario, los protagonistas no son individuos concretos sino toda la humanidad. Lo que no faltan son los elementos que los lectores del género adoran: alienígenas, inteligencias artificiales, nuevas religiones, universos paralelos, física cuántica y, por supuesto, una historia de amor. 

Estamos, por tanto, ante un relato perfecto para iniciarse en la ciencia ficción gracias a su vocación de entretenimiento (al más puro estilo de los grandes clásicos de los años 50 y 60), a un futuro cercano perfectamente reconocible donde se inicia la aventura, a las cuestiones filosóficas que se pueden plantear en una lectura minuciosa, y a un final esperanzador que nos libra de nuestro mayor miedo dejando un gran sabor de boca tras la última página.

La ciencia ficción de calidad también se escribe en nuestro país.

Te quiero porque me das de comer - David Llorente



Os encantan las teogonías, clásicas y modernas, lo sé. No os cansáis de las aventuras de Hércules, Teseo, Ulises, los Vengadores o los X-Men, pero ¿estáis dispuestos a cambiar el Olimpo, o los Universos de Marvel y DC, por un Carabanchel mitad real, mitad imaginario? En este microcosmos sitúa David Llorente lo que bien podría considerarse una nueva Mitología de lo Execrable. ¿Estáis preparados? ¿Queréis saber quién ocupa el trono? 

Si decidís adentraros en esta obra debéis desprogramaros como lectores y como seres empáticos. Abstraeros de cualquier sensibilidad o debilidad. Dejaros llevar por un completo repertorio de maldades e inmundicias humanas hasta sumergiros en el epicentro de todo lo sucio de nuestra sociedad. Tendréis que ir a un lugar donde nadie está libre de pecado. 

Te quiero porque me das de comer es una novela negra extrema, en el fondo y en la forma. El argumento podría analizarse con un complejo diagrama de Venn, aquellos esquemas que utilizábamos en el colegio para la teoría de conjuntos. Cada círculo representaría un crimen o bien un personaje, y las intersecciones serían las maldades, los rasgos comunes, o los encuentros entre ellos. En el centro, por supuesto, estaría nuestro particular Zeus, un psicópata que destaca del resto de delincuentes y sobre el cual descansa el peso de la obra, aunque cediendo espacio más que suficiente a los numerosos secundarios (todos ellos malsanos pecadores o víctimas no completamente inocentes). 

Vísceras, escatologías, crueldades, sexo sucio de cualquier orientación y giros argumentales no son la única prueba a la que os tendréis que enfrentar. La prosa de Llorente también es transgresora; sin puntos aparte, sin separación de historias y reinventando el uso de algunos signos de puntuación, no se apiada del lector. Le exige que se sumerja en su estilo al igual que en su mundo oscuro, macabro y desalentador. Pero tranquilos, cada nueva leyenda urbana, cada conexión entre personajes, cada relación, tienen un contexto, una génesis y una evolución perfectamente definidas. 

Creo que si habéis llegado hasta aquí, merecéis que os presente a quien se sienta en el trono de este Carabanchel imaginario (representante hiperbólico de todo lo deleznable): el gran Max Luminaria, el asesino de la moneda. 

No os diré nada más sobre él. Si queréis conocerle le encontraréis en el barrio del pecado, rodeado de sádicos, maltratadores, asesinos, psicópatas, proxenetas, camellos, pedófilos, violadores, amorales e inmorales. Allí nadie podrá protegeros, y mucho menos la policía. Así que de adentraros en este infierno urbano, convertíos en uno de ellos, festejad cada muerte, o será él quien os encuentre y algo terrible os sucederá.

Fat City - Leonard Gardner


La vida es más dura que cualquier combate. No hay una campana que indique el inicio o el final de los asaltos. Tampoco un árbitro que te haga una cuenta de protección cuando estas en apuros. Puedes caer a causa de golpes que nunca viste venir y pensar que debes levantarte, que eres capaz de hacerlo. Pero fuera del ring ese desafío al dolor y a los propios límites requiere demasiado coraje, mucho más del que se puede pagar con sangre. Posiblemente, esos diez segundos de esfuerzo desesperado en los que depositas tu fe intentando alzarte, terminaron hace tiempo. 

Cuando Billy Tully mira a su alrededor en una sórdida habitación de hotel, ve su maleta aún cerrada y hace balance de una vida en la que perdió las únicas cosas que le importaban (su mujer y su carrera como boxeador). Decide entonces que, tal vez, aún pueda alcanzar su último tren; no es demasiado viejo y tiene talento. En un tímido intento de auto-convencerse de sus posibilidades se cruza en el gimnasio con Ernie Munger, un joven amateur en el que sabe ver la chispa que venía buscando en sí mismo y, como pasándole el testigo de una vida en la que se siente incapaz de triunfar, le recomienda que vaya a ver a Rubén, su antiguo entrenador. 

Esta es una novela que habla de perdedores que no saben que lo son, o que se niegan a asumirlo. Sobre promesas de gloria rotas, oportunidades fallidas y heridas que nunca cierran. Pero también nos muestra la fuerza que da la esperanza, como la que el paciente entrenador mexicano deposita en cada uno de sus pupilos, esperando que alguno le ayude a alcanzar el éxito que él mismo no pudo lograr. O como la que se enciende en Tully cada vez que se dice a sí mismo que sólo está atravesando un bache y que pronto llegará su momento. 

Fat City es la única obra que publicó Leonard Gardner. Un clásico norteamericano por derecho propio que otorga a la ciudad de Stockton tanto peso como a los personajes que por ella discurren. Es retratada como una urbe deprimida, llena de mendigos, suciedad y buscavidas que se dejan la salud en fábricas y campos de cultivo para, por las noches, buscar refugio consumiendo alcohol en tugurios malolientes o abrazándose a cualquiera que palíe su soledad. Su prosa austera y directa va calando inadvertidamente en el lector, sumergiéndole en un ambiente marginal y desolador. Sus diálogos son precisos y esclarecedores. 

El boxeo juega un papel extraño en esta historia. No es una novela deportiva y cualquiera que llegue a ella esperando encontrar un desenlace épico, se llevará una decepción. Sin embargo, el mundillo profesional de base con sus gimnasios y combates igualados, con todo su dolor, sudor, incertidumbre y agonía, queda retratado a la perfección. Es imposible leer estas páginas sin amar a estos hombres que se niegan a rendirse y que derraman su sangre a la espera de un golpe de suerte o de justicia. Pero también lo es no sentir lástima o desesperación. 

Stockton debe ser la ciudad más horrible del mundo.

Un descanso para los muertos y otros relatos - Lucy Taylor



El desierto puede ser hermoso, hipnótico, misterioso, insondable. Cerrad los ojos, sentid el calor, la tierra seca bajo vuestros pies. Concentraos, que el sudor y la sed no os distraigan. ¿notáis algo más? ¿Algo que se mueve? ¿El sonido del viento? ¿Es paz lo que os transmite o se trata de una sensación terrible? ¿Y aquello que se ha desplazado, es un ser vivo o está muerto? ¿Lo que oísteis era realmente el viento o era una llamada? ¿Estáis ante vuestro destino u os enfrentáis a vuestra perdición? 

¡Huid, marchad con vuestra familia!. Es un refugio, un lugar seguro, un sitio al que volver cuando las cosas van mal. ¿Percibís el amor y la calma? ¿El afecto de vuestros seres queridos? Un momento, ¿no aprietan demasiado? ¿Son sus abrazos o son cadenas? ¿Se trata de amor o de posesión? ¿Por qué duele tanto? ¿Es normal esta asfixia? ¿y la sangre? 

Tranquilos, os queda la esperanza en el futuro: Tal vez ahí todo sea distinto. Puede que se trate del fin de todo lo malo que hayáis vivido. También de lo bueno. ¿Soñáis con un mundo de naturaleza exuberante, con seres de otros mundos y con uniros tan íntimamente a otra persona que seáis un solo ser? Entonces sí, vuestro sitio es este. O tal vez el sueño se vuelva pesadilla. 

Lucy Taylor ha elaborado la trampa perfecta: doce relatos adictivos, asombrosos y desasosegantes que atraparán a cualquier lector, principiante o experto, que sienta la necesidad de descubrir los secretos que la mayoría prefieren ignorar. Dispares en forma, fondo y extensión, exploran estériles páramos, frondosos bosques y cuevas misteriosas, generando una complicidad única con sus personajes (de distintas edades, ocupaciones y sexos). Sus tramas pueden recordar inevitablemente a Poe, Lovecraft, Philip K. Dick, Kafka, las brujas Shakesperianas o a los terrores más cinematográficos y su prosa abarca el amplio espectro que va desde un lenguaje modélico a otro descarnado y deliberadamente soez. Pero nadie, tras pasar la última página y haber mirado a los ojos a la Santa Muerte o haber copulado en el infierno, podrá culpar a Taylor de nada, pues ella, en un magnífico prólogo donde nos habla de su obra y sus inquietudes, pone todas las cartas sobre la mesa. 

Los relatos, de una calidad media notable, se agrupan en 3 grupos temáticos (desierto, familia y futuro), y tratan en muchos casos asuntos duros e incómodos que denotan las preocupaciones de la autora, elevando problemas sociales como la violencia de género, las relaciones tóxicas o el incesto al grado de terror. Por tanto hay que advertir que en estas páginas se conjugan escenas sexuales explícitas o aberraciones y crueldades físicas con espectros, seres demoníacos y lazos invisibles que impiden escapar al destino. Pero las secuencias más crudas son sólo un medio y no un fin en sí mismas. Además tienen la misteriosa virtud de, saltando entre lo onírico y lo explícito, navegando entre las aguas del thriller psicológico, lo paranormal o el body horror, no desentonar entre sí. 

Pero no os asustéis más de la cuenta. La muerte puede ser justa, los asesinatos necesarios y la locura un punto de vista diferente. Así que si queréis descubrir a una de las mejores autoras de relatos de nuestro tiempo y disfrutar de auténticas joyas como ‘un descanso para los muertos’, ‘la familia sumergida’, y sobre todo ‘Subsunción’, leed esta obra. Pero sed precavidos, no confundáis a los buitres con dioses ni os convirtáis en cazadores cazados; puede que no estéis preparados para lo que encontraréis.

Un acto reflejo - Ana Gomila Domènech



La vida pone muchas zancadillas, a veces incluso desde la más tierna infancia. Esos traspiés pueden ir cambiando nuestra forma de ser, nuestro ánimo o la manera en que vemos las cosas. Si lo permitimos, la pérdida o la soledad pueden lastrarnos para siempre llegando incluso a sumirnos en un mar de infelicidad. Es decisión nuestra consentirlo o combatirlo. Podemos caer al primer golpe, como Sabina. O podemos levantarnos, seguir adelante, aceptar los hechos y enfrentarlos con humor y mucho corazón, como Caravaggio. 

Sí, lo sé, no es habitual comenzar la reseña de un texto policíaco desmenuzando la esencia de sus protagonistas, pero esta vez es inevitable. Ana Gomila Domènech ha creado en muy pocas páginas un personaje, el del Comisario, con el que es imposible no empatizar. En este, su primer “último caso” arranca trasladando al lector al hogar y al refugio interior del policía. Nos habla de su infancia, de su triste matrimonio y de su nada halagüeño futuro. Con ello no pretende entristecer a nadie, no estamos ante una obra dramática. Lo que busca es que quien le dé una oportunidad a este relato sepa que aquí lo importante no es una trama enrevesada. Lo que seduce, atrapa y destaca en esta obra son dos cosas: la humanidad del héroe y un elegante manejo del lenguaje. El estilo de la autora, culto sin resultar recargado y de evidente predilección descriptiva frente a la acción en el argumento, es perfecto para evocar las novelas detectivescas clásicas al estilo de Agatha Christie. 

La trama, carente de pretenciosidad, es la previsible en un homenaje como este: Caravaggio recibe una llamada que le conduce a una hermosa mansión inglesa donde, durante una cacería, ha muerto un presunto asesino. Disfrutando de cada detalle (sabedor de que tras su jubilación los momentos así se habrán terminado), no se deja amedrentar por la rancia aristocracia reconvertida en clase política que allí encuentra. Acompañado por el desagradable Cavendish y el fiel McCormick (su Watson personal), no duda en hacer uso de su humor irónico y travieso hasta desvelar lo ocurrido (bastante evidente para él), aunque pueda salir perjudicado. 

Un acto reflejo es un relato aparentemente simple pero muy trabajado. La autora tiene perfectamente claras sus virtudes como narradora y las exprime en estas 63 páginas para crear un personaje de personalidad única, creíble y adorable. Introduce cierta crítica social hacia la diferencia de clases y también hacia las ideologías llevadas al límite. Abre un pequeño hueco tanto al amor más instintivo como al construido durante años y no deja nada al azar, ni siquiera el nombre de su protagonista. Tal vez produce la sensación, al terminar la historia, de que podría haberla desarrollado un poco más; algún que otro contratiempo y el interrogatorio a más secundarios que pudiesen contradecirse habrían mejorado el argumento y conseguido un final algo menos previsible. Pero como arranque o presentación de un personaje que genera adicción, aprueba con nota. Así que si necesitáis pasar una tarde realmente entretenida en vuestro sofá, no lo dudéis y descubrid a esta autora. Yo ya soy fan de Caravaggio (de los dos).

Madrid: Frontera - David Llorente




“La pérdida de la identidad (no saber quiénes somos) es la madre de todas las desgracias” 

La literatura es un instrumento con vida propia. La mayoría de escritores mantienen sus signos vitales básicos con obras al uso y algunos tratan de preservar su esencia mediante el empleo de estructuras conservadoras y el desarrollo de temas clásicos. Pero también hay autores como David Llorente que no se atienen a las fórmulas tradicionales de la narración y logran alterar los biorritmos de la ficción escrita. En Madrid: Frontera lo hace creando una realidad alternativa que sumerge al lector en un ciclo de dolor, desesperación y angustia que deviene en vehículo para la denuncia social, al tiempo que propicia una experiencia catártica que no deja indiferente a nadie. 

En un Madrid rodeado por un mar de aguas negras que albergan seres mitológicos, donde hace años que no sale el sol para los hombres y la lluvia no cesa, habitan tres clases de personas: los ciudadanos, los delincuentes y los comebasura. El Cubo, (edificio, institución administrativa, órgano de poder), mantiene un férreo control sobre todo y todos apoyándose en los antidisturbios, unos funcionarios deshumanizados desde el mismo momento en que se ponen su uniforme y cuya principal característica es la crueldad y el desprecio por la vida humana. La iglesia colabora activamente con el poder, las enseñanzas que no estén asociadas a la religión o a una productividad inmediata dejan impartirse sin que estudiantes o profesores puedan evitarlo, los libros arden, la sangre corre y el hambre es lo habitual para la inmensa mayoría. Aun así, los autóctonos son más afortunados que los inmigrantes. 

En este lugar ya no hay cabida para el amor, incluso los animales han sido sustituidos por ingenios metálicos y la gente, desesperada, sueña bajo sus cartones con salir de la pobreza y tal vez, con trabajar algún día en las últimas plantas del cubo, cerca de Ezequiel Caballo, el omnipresente y todopoderoso líder. Pero hay quien no se rinde, como el protagonista, Igi W. Manchester, un médico caído en desgracia que conserva el único libro que narra la verdadera historia de la ciudad. 

Esta novela, repleta de personajes que parecen no tener continuidad en la trama y escrita con un estilo peculiar en el que el protagonista se narra a sí mismo su vida (pues parece haberla olvidado o no reconocerse), es cruda, dura y directa. Cargada de simbolismo, contenido y figuras Orwellianas, juega constantemente con la desmemoria, ya sea impuesta o voluntaria y con la reescritura de la historia. Probablemente nadie se sorprenda, en estos tiempos de posverdad y capitalismo cada vez más desbocado que vivimos, de las ideas distópicas que contiene. Pero tampoco habrá quien se quede indiferente ante su análisis sistemático de la represión y la crudeza de sus escenas. 

En todo caso será el lector el que tendrá que decidir, al igual que los protagonistas de la obra, si tras la última página prefiere rescatar a todos los seres agonizantes que habitan las calles sin nombre de este Madrid apocalíptico, o ascender a las alturas donde ya no tenga que escuchar los sonidos de aquellos que fueron enterrados en vida. Pero os lo advierto, mantener la esperanza será un enorme desafío, pues el autor hará lo imposible por arrebatárosla.

Cuéntame un cuento japonés mientras el mundo se acaba - María Antonia Martí Escayol


¿Cómo afrontar el fin del mundo? ¿Tiene algún sentido correr, intentar huir como hacen todos cuando la muerte es inevitable? ¿Culpar al extranjero es un instinto reprimido que por fin puede ser liberado o un intento desesperado de encontrar una explicación al horror? Cuando llevas 20 años evitando el contacto humano, reduciendo tu mundo para ampliar tu universo y la sociedad que se derrumba a tu alrededor te es ajena, ¿hay algo que pueda hacerte salir?. 

Una terrible epidemia llega a Japón. Se empieza a tomar la temperatura de todos los viajeros. Las autoridades decretan el cierre de escuelas, el cese de actividades de las empresas, la cancelación de eventos públicos y limitan la circulación de personas. Los extranjeros, a quienes se acusa de haber llevado al país esa enfermedad mortal que transmiten unas extrañas luciérnagas, son perseguidos y expulsados. 

Jinen, un Hikikomori (persona que se aísla deliberadamente y rehúye cualquier contacto humano) ha alcanzado un estado perfecto de armonía y paz tras dos décadas de estricta rutina, un tiempo que ha empleado en cultivar su cuerpo, en cuidar y disfrutar cada pequeño detalle, en adquirir conocimiento a través del estudio de cuentos en forma de poemas y en empezar a comprender la infinitud del cosmos evitando cualquier distracción. No encuentra ninguna razón para alterar todo eso cuando empieza a observar cómo mueren o desaparecen sus vecinos ante el avance del terrible virus. Ni siquiera se lo plantea cuando Topaz, una Gaijin perseguida por las autoridades al negarse a regresar a su país, cae en su patio. 

Esta novela, única e impredecible, se compone de cuatro partes, como cuatro son las estaciones del año, las necesarias para cerrar un ciclo. Y cinco son los desconocidos que, en medio del caos y la desesperación se van encontrando, uniéndose inevitablemente, encajando como partes diferenciadas de algo que nunca debió separarse. Lo que comienza como una narración de ciencia ficción íntima y personal que sumerge totalmente al lector en la forma de ser y sentir japonesa, pronto muta en una historia de terror con tintes fantásticos que desemboca en un final inesperado y sorprendente. 

A pesar del cariz apocalíptico, el ritmo preponderante de la obra es pausado, detallista, empeñado en resaltar la esencia de los personajes y en sujetar fuertemente las riendas de la acción frente a lo desbordante de la trama. La exhaustiva descripción de la geografía de una ciudad de Tokio que se cae a pedazos es el marco perfecto para el retrato de una sociedad sumisa, aferrada a sus orígenes y su esencia, lastrada por un enorme racismo latente y que trata de aferrarse a normas ya inservibles, como un desesperado intento de conservar un orden ya deshecho. 

María Antonia Martí Escayol ha elaborado una novela única que evidencia una íntima relación entre espiritualidad y literatura. Al igual que en los cuentos que ha integrado en la trama, todo tiene un significado más profundo del evidente. Destilando un inmenso amor (no exento de ciertos reproches) por la cultura nipona, juega con ella y con el lector, introduciendo escenas delirantes y opresivas que rompen por momentos un clímax sosegado para después hacerle ver que la historia que creía que estaba leyendo, es otra. Es por esto que quien se acerque a este relato debe hacerlo con mentalidad abierta, asumiendo que incluso el apocalipsis puede narrarse de forma serena y con fe en que cada pieza suelta, cada cambio en el tiempo verbal que encuentre, cada poema, encajarán cuando deban hacerlo. Quien lo haga descubrirá que no hay mejor momento para leer un cuento japonés que cuando el mundo se esté acabando.

Benceno en la piel - Román Sanz Mouta


La literatura no ha de ser rígida. Debe dar cabida a los autores que se salen de la norma por sus tramas, estilo, intenciones o simple gamberrismo impreso. Son un soplo de aire fresco que a veces divierten, otras repelen, pero que en algunas ocasiones abren nuevos caminos aunque sean sólo para minorías. Román Sanz Mouta, en su faceta de escritor, es todo esto: innovador, único y sobre todo gamberro. Benceno en la piel es como una noria liberada de su eje que rueda por las calles sin control, haciendo correr al lector o aplastándolo. 

En la Semana Negra de Gijón se junta lo mejor y lo peor de las letras. Con una divertida combinación de obligaciones mercantiles-vocacionales y juergas justificadas, autores, editores y gente del fandom en general tratan de venderlo todo y a cambio beberse hasta la última gota de alcohol de la ciudad para desesperación de camareros y camareras como Alba que, ajena al mundillo, les analiza, etiqueta, satiriza y probablemente desprecia por hacer de su trabajo algo agotador e insufrible esos días. Y en este ambiente algo sucede: cierto gas en el aire comienza a alterar a la gente, a transformarles en seres agresivos carentes de raciocinio o a paralizarles. Claro que por unos casos aislados, no se va a interrumpir el evento... ¿no?. 

Pero no estamos ante una novela Z al uso, sino ante una conversión literaria del más delirante cine de serie B, con seres monstruosos, aberraciones de la naturaleza, cuchillos ensangrentados, personajes estrambóticos de nombres hilarantes y un Mad Doctor moviendo los hilos. Y este caos creciente de vocación Pulp es descrito por un narrador omnisciente que se hace interpelar periódicamente por el lector, que no se sujeta a las fórmulas narrativas habituales y que comparte la responsabilidad del desarrollo de la trama con los peculiares protagonistas. 

Todo es un juego para Román Sanz Mouta. Desde la satirización del mundillo literario al que él mismo pertenece, asista o no a la cita asturiana anual, hasta la interacción con el lector. Se trata de un escritor que no se preocupa demasiado en llegar a un gran público ni en seguir pautas a prueba de críticas. Con un estilo narrativo totalmente único y personal que prefiere los puntos a las comas y que describe literalmente la forma en que se debe visualizar cada imagen o escena, exige del lector un abandono de prejuicios y una atención constante. Sólo de esta forma se extraen todas las virtudes de esta obra sin complejos (y salpicada de poemas), en la cual el humor va mutando constantemente entre la ironía y el surrealismo y que deja en la retina imágenes tan inusuales como la de aquella noria rodante que da inicio a esta reseña o un divertido homenaje a Michael Jackson. Sin embargo, es de recibo advertir que quien se adentre en estas páginas, también lo hará en la mente de algún infectado, mitad hombre, mitad bestia, que aunará instintos animales con motivaciones humanas y cuya salvación puede quedar en manos de la cordura de Alba. Pero Alba es impredecible.

El espejo del tiempo - Salvador Bayarri



El tiempo es algo extraño, un fenómeno o una magnitud que nos condiciona desde que nacemos y que aún no hemos logrado comprender. Para algunos es una dimensión física. Para otros son meras cifras. Subjetivamente puede ser una joya para los historiadores, una prueba para los creyentes que esperan que termine el suyo, o una condena para los moribundos que anhelan más. La forma en que lo experimentamos, como un vehículo que se mueve en una sola dirección y que nunca se detiene, nos hace sus prisioneros; es un captor inclemente que nos va marcando por fuera y por dentro. 

Con ‘el espejo del tiempo’, Salvador Bayarri teoriza, juega con él y nos lo muestra de una forma totalmente original, pero sin caer en las complejidades de una obra de ciencia ficción hard: la forma liviana y elegante de trasladarnos cualquier dato, teoría o ley científica, necesarias para comprender el contexto de la trama, evita que nos distraigamos y perdamos de vista a Hoshi, la protagonista absoluta de la novela. 

En un futuro no muy lejano, la especie humana se acerca rápidamente a su extinción. Como consecuencia de un experimento científico fallido, una enorme cuerda de energía se mueve alrededor del planeta, oscilando, entrando en la tierra y elevándose incansablemente, destruyendo todo y a todos los que están cerca. Nadie ha logrado comprender que sucedió, ni descubrir la manera de acabar con ella o ser capaz de prever los repentinos cambios de dirección que acomete. Abrasa cuanto encuentra y sus pulsos electromagnéticos queman los circuitos electrónicos haciendo inútil gran parte de la tecnología del pasado. 

Hoshi era muy pequeña cuando aquello surgió. Ahora debe volver a la que era la casa de su padre, un escritor de ciencia ficción que tras predecir lo que ocurriría en una de sus obras, fue acusado de ser el causante. Ella, además, sólo guarda rencor hacia él por haberla abandonado de pequeña y trata de paliar su dolor contándole a Josene, su amor, todo lo que ve y siente con la ayuda de una grabadora que siempre lleva encima. 

La amenidad de esta novela corta en la que la joven protagonista debe moverse por un escenario en el que sólo quedan retazos de civilización, puede hacer que pasen inadvertidos muchos matices. Sin apabullar con conocimientos científicos, el autor nos habla de que el tiempo podría ir en distintos sentidos y velocidades, de paradojas temporales sin necesidad de que nadie viaje a su través, imagina otras dimensiones en las que funciona de forma distinta e incluso se divierte sustituyendo la función prospectiva de la literatura de ciencia ficción por la premonitoria. Pero además plantea alguna cuestión filosófica como, ¿Conocer el futuro implica perder la posibilidad de cambiarlo?. 

Hoshi es apenas una niña. No hay nada alegre en su vida y tampoco espera demasiado cuando emprende el viaje que le llevará de vuelta a sus recuerdos. Si decidís hacerle compañía en un futuro en el que la única manera de rescatar a la humanidad puede pasar por hacer caso a los sueños, descubriréis que sólo comprender el tiempo puede salvar al planeta y que sólo entendiendo su pasado podrá salvarse a sí misma.

Gatitos - Cristina Monteoliva


Tristemente no todos vivimos en el mismo planeta. Hay lugares donde la abundancia de bienes materiales y seguridades, pueden provocar que sus afortunados habitantes pierdan la perspectiva de lo que realmente es importante. Y hay otros también en los que ante la carestía, el drama aceptado como parte de la existencia y la inseguridad derivada de guerras o enfermedades, hacen que las personas se vean obligadas a centrarse en valores no materiales, ya sean el amor y la familia o la simple lucha contra las adversidades, intentando en el tiempo de que dispongan, disfrutar de las pequeñas cosas. 

Curiosamente, las carencias de los segundos suelen ser consecuencia del sostenimiento de los primeros, o de la avaricia de aquellos que anhelan alcanzar su propio “norte”, próspero y confortable, a toda costa. 

Evidentemente nada es idílico ni está libre de matices. Cuando los adultos de estos universos tan diferenciados entran en contacto, pueden generarse tensiones y conflictos. Cuando los que lo hacen son niños libres de malicia y prejuicios, pueden descubrir más cosas de las que imaginaron, enriquecerse con ello y soñar con un futuro mejor. 

Dylan, a sus 11 años de edad, debe acompañar a su tía en un repentino viaje. Despreocupado, pensando que son unas vacaciones más y sin siquiera saber cuál es el destino al que se dirigen, repasa su cuaderno una y otra vez. Con una vida cómoda, sedentaria y de excesiva sobreprotección, esas páginas son su refugio ante la soledad y la falta de emociones; en ellas escribe incansablemente las aventuras de su álter ego, el general Malapata, que ha de enfrentarse una y otra vez al malvado Doctor Malojo para conservar el afecto de su prometida Buen Tipo. Sus personajes son el reflejo de su visión del mundo, con buenos, malos y mujeres superficiales e indefensas. 

En un lugar tan lejano que ni la lengua es la misma se encuentra Sveta, de también 11 años. Una niña madura y con un enorme corazón lleno de cicatrices. Ese mismo día, muy señalado para ella, intenta salvar la vida de uno de los dos gatitos que adoptó y que está muy enfermo. Tal vez, cuidar a los dos pequeños huérfanos sea un bálsamo contra el dolor cuando su madre, a la que le queda poco tiempo, se marche para siempre. Afortunadamente para ambos, Cristina Monteoliva, como el hada buena de un cuento, decidió que sus caminos se cruzasen. 

Gatitos es un maravilloso juego de contrastes y paralelismos escrito con inteligencia y sensibilidad. Una novela corta y de lectura ágil que siempre lleva al lector donde no espera. Su prólogo, su estilo deliberadamente coloquial, su portada y su sinopsis, acordes a lecturas infantiles o juveniles, esconden una historia cargada de denuncia social, medioambiental y humana que sorprenderá e impactará a los adultos. Y es que estamos ante un relato creíble que refleja a la perfección como la avaricia, el sufrimiento de los desamparados, la destrucción del planeta y las secuelas de la guerra se relacionan dejando a su paso miles de víctimas silenciosas. Pero también ante un relato que aúna la denuncia con la esperanza. 

Y como expusimos anteriormente, todo son contrastes. A pesar de lo peliagudo de los temas que trata, la visión del inocente e imaginativo Dylan y de la maravillosa Sveta que, acostumbrada a no rendirse y a enfrentarse a cada obstáculo que le puso la vida desde el día en que nació, hacen que la obra no sea triste ni cruda. Los acontecimientos crueles y descarnados que se relatan van envueltos en delicioso humor infantil y en la valentía ilimitada de una niña que hace sentir al lector que nada puede salir mal. 

Merece mucho la pena descubrir esta novela repleta de personajes femeninos fuertes y admirables, capaces de sacrificarse por quienes les rodean y mirar siempre hacia adelante. Si lo hacéis acompañaréis a Dylan a encontrarse a sí mismo en el mejor día de su vida, veréis como ellos dos no son tan distintos de esos desvalidos gatitos y querréis releer varias veces un epílogo que invita a creer que la vida también puede tener un final de cuento.